Cómo instalar el sistema de riego automático en el jardín

Paso por paso, aprende cómo instalar aspersores en tu jardín para conseguir un buen cuidado del césped con una programación automática de riego.

Si tenéis un jardín o una pequeña parcela de césped y queréis mantenerlo de forma automática mediante un sistema de riego, necesitaréis un equipo de aspersores o difusores que os faciliten esa tarea. Veamos la primera diferenciación antes de comenzar: los aspersores nos servirán para cubrir entre 10 y 15 metros de tierra, y tienen un movimiento giratorio. Por otro lado, los difusores cubren cerca de 5 metros y riegan en cortina. Seremos nosotros los que tendremos que elegir el tipo de accesorio más adecuado para nuestras instalaciones.

En este post explicaré cómo instalar un aspersor. Necesitaremos previamente una tubería de agua que vaya desde una salida de agua y recorra todo el jardín o tierra que queramos regar. La tubería tendrá que ir posteriormente enterrada a unos 20 o 30 centímetros de profundidad, por cuestiones de estética y funcionales. Y a lo largo de la tubería instalaremos los distintos aspersores que necesitemos, enterrándolos hasta el cabezal. Es muy importante no enterrar el aspersor más de lo debido, o el sistema de riego no saldrá bien, ni tampoco dejar que sobresalga demasiado o tendrá un impacto estético en el jardín. Para hacernos una idea, al ras del suelo, únicamente debemos ver la cabeza del aspersor.

El aspersor tiene varias piezas que lo acompañan: un collarín (la base), unas piezas acodadas, un tubo de presión y finalmente el aspersor (un tubo alargado). En primer lugar desmontaremos el collarín. Veremos que tiene dos tuercas, las quitaremos y quedará desmontado en dos piezas. Pondremos la pieza inferior por debajo de la tubería, y la parte de arriba, por encima, encajando con la pieza que acabamos de poner. De esta forma, la tubería queda aprisionada por el collarín, a modo de sándwich, y volvemos a montarlo con las dos tuercas.

Hecho esto, ahora tenemos que hacerle un agujero a la tubería para que salga el agua hacia nuestro aspersor. Para ello utilizaremos una broca, preferiblemente de madera, y taladraremos la tubería, justo en el centro donde hemos colocado el collarín. Lo haremos despacio hasta perforarla únicamente por un lado (¡ojo no traspasarla o se nos saldrá el agua por debajo!). Una vez efectuado el taladro, limpiamos la broca del plástico de la goma que acabamos de taladrar y también limpiaremos el interior de la tubería por si se hubiera quedado dentro más plástico. Para ello activaremos el riego lentamente y dejaremos que salga el agua por el agujero, expulsando así los restos y virutas que hayan podido quedar del taladro efectuado.

Hecho esto, procedemos a montar el aspersor. Necesitaremos el enlace acodado y el tubo de presión (piezas fundamentales para esta tarea que encontraremos en cualquier tienda de bricolaje). Pondremos cinta de teflón en la parte superior del collarín y enroscaremos uno de los enlaces acodados. Después introduciremos el tubo de presión dentro del enlace acodado, enroscándolo a presión hasta que no se vea nada de rosca. En el otro extremo del tubo colocaremos el aspersor. Aunque puede hacerse de otras formas, este sistema ofrece comodidades: podemos manejar la altura del aspersor, trabajar en esquinas, etc.

Ahora tendremos que instalar la boquilla dentro del propio aspersor, que es el elemento por donde cede el agua. Cuando compramos el aspersor, viene con él un juego de boquillas (diferentes tipos de riego). Elegimos la que nos interesa y la introducimos en el agujero correspondiente del aspersor (en la parte superior, cara frontal). Introducido, podremos regular el arco de agua (más o menos ángulo) desde la parte superior del aspersor, con la herramienta adecuada que viene en el pack de compra.

Llegados hasta aquí, habremos acabado la instalación del aspersor. Tendremos que repetir esta acción según la cantidad de aspersores que necesitemos instalar a lo largo de la tubería. Recordad que tendremos que cavar lo suficiente para dejar la tubería enterrada unos 30 centímetros máximo y con esta profundidad nos dará suficiente para que el tubo del aspersor quede también oculto en el jardín, asomando únicamente el cabezal. Una vez lo tengamos todo instalado, solo nos quedará llevar a cabo la programación del riego. Para ello tendremos que tener un panel de control o programador, que será el corazón de nuestra instalación de riego. Desde ese panel podremos regular todos los parámetros que necesitamos. Observaremos que hay una pequeña pantalla para ver los datos que introducimos y, justo al lado, una serie de teclas. Con un sistema muy intuitivo de uso, podremos programar el día de la semana que queremos que riegue, la hora en la que comenzará el riego y también el tiempo que durará.

Hecho esto, ya estáis listos para disfrutar de vuestro jardín por mucho tiempo, sin preocuparos de su costoso cuidado. ¡Que los aspersores en marcha hagan el resto!

VÍDEO: Youtube

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