Calendarios de adviento: tradición y marketing

Chocolatinas, juguetes, bombones, caramelos… decenas de formas diferentes de llevar a cabo la tradicional cuenta atrás hasta la llegada de la Navidad, pero… ¿cuáles son sus orígenes?

Calendario de adviento

Hace muchos años, corría el siglo XIX, los niños de la Alemania protestante decidieron hacer una cuenta atrás hasta la llegada de la Navidad. Se les ocurrió que podían encender una vela por cada día que transcurriera en este periodo llamado “Adviento”, es decir, una vela desde el domingo de Adviento (fecha móvil) hasta el día de Nochebuena. Lo que no supieron entonces es que aquello crearía historia y, mucho menos, que serviría de base para una tradición.

Ahora, dos siglos después, los niños corren a por sus calendarios de chocolatinas para llevar la misma cuenta atrás. Las cosas han cambiado un poco desde entonces: la cuenta se inicia normalmente el 1 de diciembre y dura hasta el día 24. Qué mejor forma de esperar la Navidad que comiendo chocolate, aunque en ello se pueda entrever la parte más comercial de todo esto. Y es que lo de encender velas no hubiera arrastrado a las masas en todo el mundo, pero en cambio, los dulces siempre han sido una fácil moneda de cambio para los más pequeños. Así que hoy encontramos calendarios de Adviento de toda clase: con tabletas de chocolate, con bombones, con caramelos, con bolsitas de té, con juguetes… calendarios para todos los gustos y cada año aparecen nuevas ideas personalizadas cuyo origen se remonta a aquella Alemania protestante.

Pero hoy cuando alguien corre a comprar su calendario en el supermercado, son muy pocos los que conocen las raíces de esta tradición tan puramente navideña. Por eso me ha parecido una buena idea compartir con todos vosotros esta pequeña lección de historia. Después de todo, aunque los calendarios suelen elaborarse especialmente para niños, hay pocos adultos que se pierden la oportunidad de seguir su propia cuenta atrás. La tradición de este conteo, que en un principio tenía un claro contenido religioso, se ha convertido en un arma más de la publicidad, del marketing y del consumismo. Tanto es así que yo ya tengo en mi nevera el famoso calendario de chocolatinas, y sé que el año que viene tendré otro, y que mis hijos formarán parte de esta cadena. De forma que, al final, nunca sepamos si celebramos la inminente llegada de la Navidad o, sencillamente, el atiborrarnos a dulces.

Foto: Elda CM

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