El petit Bouffe

Ser el anfitrión de una cena con muchos comensales no siempre es tarea fácil, sobretodo si tienes una casa con pocos metros cuadrados. Pero con un poco de ingenio e imaginación, veréis como cualquiera puede conseguir meter a 12 personas en un pequeño piso de estudiantes.

A la salida de un puente tan largo como el que acabamos de disfrutar seguro que más de uno, y de dos, ha sido el anfitrión o el invitado de alguna que otra comida o cena. Reuniones de amigos, cenas de Navidad con la empresa (hay quien es previsor y las celebra con tiempo), primeros reencuentros con la familia… Las excusas son miles y la realidad una: comer bien y disfrutar de la compañía. Este tipo de eventos suele congregar a más invitados que las comidas normales, por eso, si te ha tocado ser el anfitrión seguro que has tenido que hacer mil y una filigranas para meterlos a todos en casa, al menos ese ha sido mi caso. Meter la tele en lavandería, las mesitas del salón en la habitación, sacar sillas de debajo las camas, improvisar un banco con el sofá… hay que reconocer que este proceso es más o menos surrealista dependiendo de los metros que tiene la casa, en mi caso, pocos. Por ello tuvimos que realizar todo un proyecto de ingeniería para conseguir que 12 personas cupieran en un piso de 3, pero no os preocupéis: lo conseguimos.

Las cenas en casa con amigos, muy propias de estas fechas.

Uniendo tres mesas de diferentes medidas, dando gracias por tener un mantel largo y blanco, sacando todos los tipos de tazas, vasos, copas y demás que había en el armario y convirtiendo un sofá en improvisado banco, conseguimos lo impensable, aunque hubiera algún invitado con más suerte (o más listo) que otro, al que le hubiera tocado una silla reclinable de escritorio en contraposición a los taburetes de la cocina.

Para comer, nos repartimos los platos. Unos trajeron los entrantes, nosotros hicimos el plato principal (macarrones carbonara) y otros el postre. Un reparto que, al final, salió perfecto y con el que probamos platos y recetas para todos los gustos. Este tipo de división es muy recomendable si no tienes mucha experiencia en la cocina y dedicas mucho tiempo a cada plato, es una forma de repartir el trabajo y de conseguir que el anfitrión cene de buen humor.


Quizá sea verdad que este tipo de cenas no son tan glamourosas como las que podría preparar una persona en su terraza de 150 m2 y con una gran experiencia culinaria, pero el objetivo de los dos acontecimientos es el mismo: pasárselo bien, y os aseguro que lo conseguimos con creces. Además, contaba con algunos trucos para poner la mesa. Es el tipo de cena que unos universitarios con poco dinero y mucha ilusión preparan para reunirse con sus amigos, una experiencia que os recomiendo.

Foto por TenSafeFrogs en Flickr

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