Opciones vitícolas

Cuando nos enfrentamos a la ardua e interesante tarea de gestionar un viñedo (entendiendo como tal desde la plantación hasta la recolección) tenemos que decidir entre múltiples opciones: terreno, variedad, tiempos de poda, riegos, etc. Estas elecciones van a incidir de manera indirecta en la calidad y tipo de vino que, posteriormente, obtendremos.

Quizá una de las más importantes tareas, y por supuesto la primera que hay que realizar, sea la elección de la parcela. En edafología, que es la ciencia que estudia el suelo, se consideran fundamentalmente la textura (composición granulométrica) y la estructura (presencia de conglomerados); la combinación de los diferentes tipos de texturas y estructuras determinan en gran medida el tipo de vino. Por ejemplo: la capacidad de un vino para envejecer viene dada por los suelos calcáreos, mientras que los suelos arcillosos favorecen que los vinos sean más bien grasos (con contenidos importantes en alcohol y glicerina).

Las distintas variedades de uva prefieren unos u otros suelos, la Cabernet Sauvignon prefiere los suelos con gravas, la Merlot prefiere arcillas y suelos calcáreos, y así podríamos decir de cada tipo de uva. Muy importante es, también, la profundidad a la que las raíces de las cepas se encuentran; la dificultad o facilidad del suelo para drenar el agua, etc.

Viñedo francés

Viñedo francés

Suelos muy profundos con mucha agua suelen producir bajo climas cálidos muchas uvas muy azucaradas; es mejor, para la obtención de vinos más finos, menos agua y menos calor. Por eso se deberá tener en cuenta que en un mismo terreno, si unas cepas están sobre una ladera y otras sobre terreno llano, el desarrollo de aromas, azúcares y demás características será bien diferente en unas y en otras.

La variedad de uva dependerá, sobre todo, de la zona geográfica en la que se sitúe el terreno: todas las regiones vitícola europeas han elaborado listas de variedades autorizadas. Sin embargo, lo normal es que se planten unas pocas variedades actualmente: para vinos tintos Cabernet Sauvignon, Merlot Noir, Syrah, Garnacha, Sangiovese…; para vinos blancos: Chardonay, Sauvignon, Riesling… Existen regiones en las que se plantan varios tipos de uvas, mientras que otras se caracterizan por grandes extensiones de una única variedad. Una y otra forma de actuar responden a condicionamientos de las bodegas. Dependerá de los tipos de vinos elaborados en la zona.

Otro punto interesante es la forma de plantación, es decir, la densidad de plantación y la altura de cada cepa dependen de las exigencias regionales, normalmente de origen climático. Se ha comprobado que una densidad de plantación alta aumenta el potencial de producción por hectárea disminuyendo la producción por planta, lo que favorece la mayor calidad de la uva. La altura de la espaldera también tiene consecuencias en la producción: una diferencia en altura de veinte centímetros pueden cambiar el potencial de un viñedo entre un diez y un treinta por ciento.

Vendimia

Vendimia

La poda de invierno determina la organización de las ramas de la planta durante el año siguiente, incluyendo el número de yemas que pueden producir racimos. La importancia de la poda es tremenda, pues una mala práctica puede ocasionar amontonamiento de racimos, superproducción o producción con problemas de maduración, lo que podría ocasionar pérdidas millonarias. Una posible solución a un poda defectuosa de invierno puede ser el desyemado, el despampanado y los despuntes bien conducidos. Además, una eliminación de hojas inútiles puede favorecer el soleado de los racimos y aumentar así la riqueza aromática y fenólica. Sin embargo, el aclareo de los racimos no es aconsejable más que como práctica puntual, pues al año siguiente de un aclareo se incrementa el vigor de la cepa y con ello, su productividad, pudiendo ocasionar pérdida de calidad en la uva.

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