Así te afecta el desorden de tu casa en tu vida diaria

No solo el factor estético se ve amenazado. Tener una vivienda desordenada y atiborrada de cosas entorpece nuestras relaciones, desmejora la salud y nos deprime. La ciencia da fe de ello y por eso hay que poner manos a la obra

Cómo el desorden puede afectar tu vida diaria

Fuente: harmonia.la en Pinterest

Vivir en paz y armonía depende de muchos factores, pero hay situaciones que nos descontrolan y añaden leña al fuego de las emociones. Se trata de nuestro hogar. Aunque no lo creas, el desorden de la casa afecta la vida diaria.  Diversos estudios arrojan que quien está rodeado del caos y el desorden, es blanco del estrés. La hormona que lo produce, denominada cortisol, se eleva significativamente ante situaciones de confusión. Por ende, si tenemos un desastre en las habitaciones, los sentidos tienden a sobreestimularse, generando una sensación de desespero y ejerciendo una especie de bloqueo que no nos permite avanzar y superar determinados problemas.

Además, cuando se nos pierden objetos, papeles y otras cosas por la desorganización, nos estresamos aún más. La ropa regada, los juguetes tirados por el piso, los frascos sobre la encimera y los revoltillos en el escritorio, por ejemplo, acumulan la presión. Y el caos nos angustiará más si llegan visitantes inesperados.

Cómo nos afecta el desorden en casa

Estar inmersos en el desorden también afecta la concentración. Solemos distraernos con facilidad observando el caos o pensando en él. Si no estamos concentrados no rendiremos adecuadamente en el trabajo o en nuestras tareas diarias. Es común que lo que emprendamos nos salga mal. Si estamos cocinando y no conseguimos la pinza para dar vuelta al pollo, seguro se quemará. La dispersión en una labor hace que el resultado sea desfavorable.

Igualmente, nuestro humor cambia. Si en vez de caminar libremente nos tropezamos a cada rato con cajas o cualquier elemento tirado, seguro que una maldición saldrá de nuestras bocas. El desorden nos hace sentir enfadados, cansados e irascibles. Y, por tanto, nuestras relaciones personales desmejorarán. Por culpa de esa situación caótica terminamos gritando a los hijos o peleando con la pareja.

También nos puede dar depresión. Investigaciones señalan que estar en un ambiente desorganizado y feo nos entristece y nos sume en la desesperanza. Esta situación hace que nos aislemos, que evitemos recibir a nuestros amigos y familiares en casa, para que no vean el desastre en el que vivimos.

Propensos a las enfermedades

No solo la parte emocional se perjudica a causa del desorden. Nuestra salud también estará en riesgo. Cuando las cosas están fuera de lugar y acumulamos trastes, se crean espacios perfectos para la proliferación de gérmenes, bacterias y alimañas. El sucio se esparce fácilmente y animalejos como cucarachas, ratones, arañas y hormigas hacen su entrada triunfal. Todo esto acarrea enfermedades virales, dermatológicas y respiratorias…

Igualmente, somos más propensos a resbalar y caer, rompernos un hueso o cortarnos. Lo peor, es que si no vivimos solos podemos arrastrar a cualquier miembro de la familia a una visita urgente al hospital. Si lo anterior no motiva a querer tener la casa en orden, también conviene saber que los gastos monetarios serán mayores.

Frecuentemente entre el desorden se pierden facturas de servicios (que evitan que se paguen a tiempo y conlleven a las multas). Los alimentos se dañan en la heladera o armarios, y hasta podemos sufrir daños estructurales o de funcionamiento de la vivienda.

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