Decora tu salón de boda

La decoración del salón de bodas es uno de los detalles más descuidados a la hora de organizar este evento. La adecuada elección de mantelería y centros florales determinará el tono de la celebración y el ambiente en el que nos encontremos.

Una boda es uno de los momentos más importantes en la vida de cualquier mujer y  por ello cuidar cada detalle es fundamental si queremos que todo salga  a nuestro gusto. La decoración del salón de bodas es uno de esos detalles que se nos suelen pasar por alto cuando organizamos todo lo relativo a la ceremonia, confiando en que será el propio salón de bodas el que elegirá la decoración más adecuada en cada caso. Sin embargo, escoger personalmente entre las distintas posibilidades ofrecidas por el salón escogido, visitar varios salones y valorarlos en función de su decoración a la hora de decantarnos por uno e incluso poner nuestro propio toque en la decoración de las mesas o la sala es algo que puede ayudarnos a sentirnos mucho más cómodos en ese preciado día.

La decoración del salón no debe descuidarse.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la mantelería de ese día debe estar a tono con la propia estética de una boda en la que el blanco y los colores pasteles son los dominantes. En algunos casos no hay problema en combinarlos con tonos más oscuros, especialmente azules marinos o rojos, sobre todo si el ramo de la novia era de rosas rojas o si esta flor ha sido la escogida para alguna de las decoraciones del enlace.  En cualquier caso, el contraste tonal (sobre todo en el caso de las bodas de tarde) dará un toque de alegría y vistosidad al ambiente, por lo que si existe esa posibilidad es adecuado escogerla para salirse de las formas más clásicas y “aburridas de decoración nupcial”. Por lo demás, la cubertería de plata y las vajillas en tonos pasteles y de gran sencillez, sin recargados dibujos o motivos, siempre constituyen un acierto.

Los centros elegidos también son importantes. Debes tener en cuenta que los invitados deben estar cómodos en las mesas y eso implica que ponerles delante un centro floral que no les deje ver a quien tienen  en frente nunca es una buena idea. Tampoco conviene que las flores sean demasiado ostentosas  ni que el colorido del centro sea excesivo y , por supuesto, hay que tner en cuenta que las flores empleadas deben ser distintas si la boda es de día o de noche y si el convite se celebrará en el interior del salón o en el campo, en cuyo caso los centros con flores  serán normalmente de aspecto más rústico y podrán estar expuestos en cestas de mimbre. 

Las combinaciones de rojos y blancos, granates y blancos o amarillos y blancos siempre será un acierto en cualquiera de los casos por sus connotaciones de amor, pureza y amistad que reflejan a la perfección los valores de la ceremonia.

Imagen: Lorena Ares en Flickr

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