Mi animal de compañía: una historia de cariño que merece la pena

Tener un animal de compañía resulta altamente satisfactorio, pero conlleva también una serie de obligaciones y responsabilidades. ¿Las conoces? ¿Estás dispuesto a asumirlas?

Tengo un animal de compañía

Un animal de compañía o mascota es un animal doméstico conservado con el propósito de brindar compañía o para el disfrute del cuidador. Esta es la definición que da wikipedia, diferenciándolos de los animales de laboratorio o del ganado para la crianza o el transporte.

El animal de compañía no reporta beneficios económicos (más bien comporta gastos) pero sí beneficios personales. Luego me referiré un poco a ellos y a las obligaciones que se contraen al comprar o adoptar uno de ellos, pero ahora me vas a permitir que te cuente un poco mi historia particular con este tipo de criaturitas.

Un poco de historia personal sobre animales de compañía

Mi primera mascota fue un lindo gatito que me encontré en la calle y que a duras penas conseguí que mi madre me dejara tenerlo en casa; pero su estancia fue muy corta, tras rasgar todo el papel pintado de la pared (era lo que se llevaba entonces) y cargarse las cortinas del salón, fue invitado sin contemplaciones a volver a la calle de la que había venido, con gran disgusto por mi parte.

La segunda mascota corrió parecida suerte, en esta ocasión fue un perro “Trasto” que se comió el cuaderno con mis apuntes de latín, dejó el alambre enroscada el pobrecito. Me vi obligado, a instancias de mi familia, a buscarle otro hábitat y pensé que lo mejor sería el mercado de abastos por eso de su afición a comer. Efectivamente nada más llegar se encontró en su salsa y yo pude desaparecer sin ser apercibido. Pero al día siguiente todo el mundo en mi casa había soñado con él y lamentaba su ausencia por lo que regresé al mercado en su búsqueda pero ya no estaba.

Opté por bichitos más pequeños y comenzó la colección de canarios, periquitos, jilgueros, gusanos de seda, pececillos, y un hamster a quién dedique una canción y todo: “Pepe, es un hamster alemán de pura raza, que noche corre y danza y de día duerme en una calabaza”.

Y así, por fin, conseguí adoptar a “Linda”, quizá la perra más buena que haya tenido, no sólo no generó ningún problema en casa sino que hasta nos regaló cachorritos. Me inventé su raza, que busqué previamente en el diccionario, para que fuera más fácilmente admitida en la familia. Murió de viejita.

Ahora tengo una perrita, “Tula”, pero es una perrita marquesa, y no por su educación, que también, sino porque es de lo más exquisito que te puedas echar a la cara. La adopté de pequeña y estuvo muy enferma pero salió adelante a base de yogures, ya empezaba a apuntar maneras.

Si quiero saber si un alimento esta bien o es de buena calidad, basta con acercárselo a la boca, si tuerce el hocico ya está todo dicho. Se pasa el día tumbada, como casi todos los perros, pero es que ella se tumba de las maneras más inverosímiles: retorcida, panza arriba, con la pata en alto en plan estatua de la libertad…, y siempre pegada a alguien.

Si quiere que le abran la puerta se pone junto a ella y te mira fijamente, no ladra ni nada, pero si le urge y no le atiendes, lanza una especia de aullido lastimero que te parte el alma. Es muy zalamera, un poco gatuna y un tanto ratonera. Pero cuando le toca ir a la clínica veterinaria se convierte en una serpiente reptadora, sobre todo a la hora de salir, ¡qué manera de huir pegada al suelo!

Cuando le toca baño o peluquería es todo un poema. En cuanto me ve con los artilugios correspondientes (champú y toalla, peine y tijeras) se enrosca como una bola y tengo que cogerla en brazos para llevarla al lugar correspondiente.

Tula, es de “marca blanca” aunque su color es negro, de tamaño medio, con morrito de mango de paraguas (de los de antes) y rabo en forma de abanico, que parece un pavo real. Provoca la admiración de los viandantes, sobre todo chinos y japoneses, que no paran de hacerle videos y fotos, pero ella ni caso. Por supuesto tiene su pasaporte europeo y está al día en todas sus vacunas y medicaciones.

Ventajas y cuidados de un animal de compañía

Algunos ya los he ido manifestando mientras contaba un poco mi historia “mascotera”.

En cuanto a las ventajas, aunque al principio pueden darse situaciones difíciles similares a la llegada de un bebé, con el tiempo casi todo son satisfacciones. Tener una mascota beneficia nuestra salud psicológica, reduce el estrés, hacen compañía. Despiertan afectos, con esa naturalidad espontánea que poseen, similar a las de los niños, parece como si sus cualidades afectivas fueran similares.

Estas ventajas saludables aumentan para las personas mayores o que tienen algún tipo de enfermedad o limitación. De hecho, son la mejor forma de fomentar las relaciones sociales y suponen beneficios educativos: a los pequeños por el respecto y responsabilidad que conllevan, y a los mayores porque aunque parezca que ya lo saben todo pueden aprender mucho de ellos.

En cuanto a las obligaciones que se contraen (referidas a una mascota normal y corriente), van más allá de alimentarlas y proporcionarlas un cobijo adecuado. Tienes obligación de registrarla e identificarla a través de un veterinario, ya sea mediante un tatuaje o la implantación de un chip. Y de obtener la cartilla sanitaria del animal y todas las vacunas preceptivas. En ocasiones es recomendable hacerle un seguro a la mascota.

También es necesario mantenerlos en buenas condiciones higiénico-sanitarias, y realizar cualquier tratamiento preventivo declarado obligatorio. Así mismo, estará obligado a declarar al facultativo sanitario competente, a la mayor brevedad posible, la existencia de cualquier síntoma que denotara la existencia de una enfermedad contagiosa o transmisible al hombre.

Y, tan importante como todo lo anterior, es el tiempo que hay que dedicarles, son de compañía para su dueño, pero también su dueño tiene que proporcionársela al animal. El mejor juguete será siempre la compañía de sus cuidadores. Esta obligación de acompañarlos supone también la necesidad del paseo (dependiendo de la mascota claro) con la recogida correspondiente de excrementos incluida, y el respecto debido al resto de animales y viandantes.

Yo soy, no tengo reparo en confesarlo, de los que recogen su “caquita”, siempre voy con los bolsillos llenos de bolsitas, y a veces tengo que sortear un campo de minas para poder hacerlo, pero no quiero que aumente el terreno explosivo. Es necesario cumplir nuestro deber con la sociedad por el bien de todos.

Si no se está dispuesto a asumir estas mínimas obligaciones, mejor limitarse a ver las mascotas de otros o contemplar los videos de youtube que los hay muy simpáticos, tiernos y divertidos. Pero piénsatelo bien ya que las mascotas aportan muchos beneficios, además de la compañía. Elige la mascota que más te guste teniendo en cuenta su hábitat, su alimentación, sus cuidados … Recuerda que antes de comprar, mejor adoptar. Hay muchos animales que necesitan un hogar y el cuidado y cariño de una familia. Si vas a regalar una mascota, piensa bien si la persona a quien se la vas a dar puede hacerse responsable de ella. Los animales necesitan su tiempo y sus cuidados.

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