La casa de vida y sueño

Fue construida a base de madera sobre los cimientos de un viejo remolque y ahora nos regala una estancia sobreacogedora en mitad del bosque. Se hace llamar el Bungalow Bayside.

Bungalow

Érase una vez, en mitad de un frondoso bosque, una casita hecha de madera, construida sobre un viejo remolque de 18 metros, del que todavía conservaba sus cuatro ruedas traseras. Se hallaba situada en Olympia, Washington, en lo alto de una colina, entre dos manzanos y abetos muy altos, con increíbles vistas a la bahía. Un sendero empedrado conducía hacia la playa y en sus alrededores, trazados por la madre naturaleza, la gente iniciaba rutas de senderismo para explorar el territorio.

La diminuta casa era conocida como el Bungalow Bayside. Para entrar, debía atravesarse un diminuto porche floreado en el que solo una puerta de cedro permitía el acceso al interior. Por dentro, la luz del sol revelaba cada recoveco de los aproximadamente 100 metros cuadrados con los que contaba la planta baja, gracias a sus once ventanitas y sus dos claraboyas que asomaban en lo alto de su tejado de color plomizo. La luz era la magia del lugar, pues convertía el diminuto espacio en algo, aparentemente, mucho más amplio.

Allí podía desarrollarse vida humana. Un máximo de dos personas podían convivir en esa estrecha superficie, pertrechada con todo lo necesario. Tras la puerta principal, aguardaba un acogedor loft de dimensiones alargadas, cuyas paredes habían sido construidas con lamas blancas de MDF y el techo, puntiagudo como el sombrero de un hechicero, contrastaba con el crudo color de la madera y el suelo de parquet, creando un ambiente sobreacogedor.

La cocina había sido diseñada como una prolongación del salón, al final del mismo. Estrecha, con una encimera extensa de madera que aprovechaba la esquina para colocar allí el fregadero (una pila peculiar de cerámica decorada elaborada en México) y una pequeña encimera de gas con dos fogones. Todo el espacio superior e inferior había sido aprovechado para crear estantes y varios huecos donde colocar los electrodomésticos indispensables. Y allí, en la pared trasera de la cocina, un curioso letrero rezaba: “If you want breakfast in the bed, you have to sleep in the kitchen” . Al lado de la cocina, unas puertecitas blancas asemejaban ser un armario a modo de despensa, pero en realidad daban acceso al lavabo: espejo, baño y retrete lo conformaban.

Bungalow interior

También se había diseñado una especie de mirador. Los huéspedes podían sentarse sobre cojines y admirar la belleza del exterior a través de una gran ventana, o matar el tiempo perdiéndose en alguna lectura mientras las aves jugaban en el jardín. Pero para conciliar el sueño, la casa albergaba un espacio todavía mejor: un dormitorio. A través de una escalera de mano, se podía acceder a un segundo nivel, erigido sobre la cocina. El espacio estaba concebido como un triángulo, debido a las inclinadas paredes del tejado, y en él reposaba una cama de gran longitud ocupando toda la superficie, al ras del suelo al estilo de los futones japoneses, con una bonita colcha floreada y una miniventana decorando el cabezal.

La última estancia del Bungalow Bayside era un pequeño altillo, situado frente al dormitorio, en el otro extremo superior de la casa, coronado por otra ventanita más, y pensado como un espacio de almacenamiento. Así era la casa Bayside: con sus mesas y sillitas de mimbre, su estufa de gas para calentar las crudas noches del invierno, sus instalaciones eléctricas para hacer uso de sus acampanadas lámparas, sus rústicos utensilios de madera, sus cuadros, sus cortinas, sus espejos… Un hogar cálido, claro y acogedor.

Y así es como la podemos conocer hoy en Olympia. Con la posibilidad de visitarla el 18 de agosto entre las 14:00 y las 18:00 si somos lo bastante astutos para hallar su localización. La dueña de este encantador hogar ofrece incluso la posibilidad de alquilar el bungalow durante varios días para una experiencia única, en la que eso sí nos ruega cuidar al máximo sus instalaciones, no fumar y no llevar animales domésticos. Una casa ideal, pese a sus reducidas dimensiones, para pasar unas vacaciones en pareja o una pequeña temporada, aunque puede resultar poco práctica para vivir de forma permanente. No obstante, no olvidemos ese gran matiz de que está construida sobre la base de un remolque, lo que convierte a este bungalow en una casa móvil, con posibilidad de ser desplazada a cualquier rincón del mundo y eso, ahora sí, acaba por convertir a Bayside en una maravillosa casa de cuento.

Fuente: The Bayside Bungalow

Fotos: Brittany Yunker

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