Camuflando las fealdades urbanas

Roeland Otten se ha unido a esa tendencia en auge de vestir ciudades y ha conseguido camuflar e integrar en el paisaje todo tipo de edificaciones para embellecer nuestras calles.

Mediante imágenes, mosaicos, murales y otros materiales, este artista ha logrado camuflar numerosas edificaciones que hasta ahora habían sido útiles, pero a todas luces poco estéticas.

En las calles encontramos de todo. Algunas cosas más bonitas y otras menos dignas de ver. Hace poco hablábamos de ese fenómeno cada vez más extendido que es el Urban Knitting, un arte que algunas personas han desarrollado para vestir y tejer nuestras ciudades y ofrecerles la mejor estética. Ahora a esta iniciativa parecen ir sumándose más artistas que luchan contra el feismo urbano y tratan de integrarlo en lo que hasta ahora parecía un ideal imposible. Lo feo se vuelve bonito y los materiales desnudos con los que se construyen muchos elementos urbanos se visten con sus mejores galas. Así nos lo traslada Roeland Otten, que ha conseguido camuflar todo tipo de edificaciones pequeñas en mitad de la vía pública.

Y lo ha logrado simplemente utilizando una serie de murales, mosaicos o fotografías impresas, entre otros recursos, con los que ha mejorado la estética de edificios como quioscos que se interponen en mitad de la acera y gracias a estas pinturas ha logrado integrarlos en el paisaje como si fueran parte del mismo y no existieran. Un resultado excelente que camufla a la perfección los elementos hasta el punto en que cualquiera podría caer despistado y chocar contra ellos. Una idea buenísima que no necesita una gran inversión ni complicadas maniobras. A menudo la falta de ideas, de ganas o de prioridad nos ha llevado a pasar por alto este tipo de iniciativas que, aunque no son en realidad de primera necesidad, sí que podrían estar en el punto de mira de muchas ciudades que busquen un potencial atractivo turístico.

En la página web de Roeland podemos encontrar todo tipo de ejemplos maravillosos e increíbles en los que utilizando una serie de recursos visuales ha logrado este efecto tan sorprendente. Personalmente todos me parecen auténticas genialidades, todos pensados milímetro a milímetro para encajar a la perfección con el entorno y pasar desapercibidos. Quioscos, transformadores, subestaciones eléctricas, urinarios públicos, estaciones de bus… ahora además de su innegable función, también pueden brillar por su estética, algo de lo que todos parecían haberse olvidado hasta hoy. El único pequeño inconveniente que le veo es que el camuflaje es tan sutil que  me cuesta pensar que alguien podría fácilmente hallar el lugar o saber exactamente de qué se trata en realidad. No sé si quien frecuente todos estos sitios sería capaz de distinguir lo que tiene delante y si es lo que anda buscando. Pero supongo que esto es solo un mal menor.

Fuente y foto: roelandotten.com

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