El viejo autobús de Israel

Era un pobre automóvil de transporte público destartalado hasta que dos mujeres israelís decidieron restaurarlo y convertirlo en un tipo de vivienda tradicional. Ahora es algo más que un viejo autobús.

Bus israelí

Era un viejo autobús. Lo que quedaba de él era un montón de chatarra abandonado en Israel, apenas podía sostenerse sobre sus cuatro ruedas polvorientas, los cristales se habían hecho añico como si una explosión hubiera reventado las paredes; en su interior no quedaba ni un asiento intacto, afuera el parachoques iba golpeándose contra el asfalto, los focos de luz habían sido arrancados de cuajo para darles una segunda oportunidad en algún otro lugar y las puertas de acceso a su interior se habían salido de sus goznes. Pero, a pesar de todo, podía reconocerse que era un autobús. Un viejo autobús de gran longitud que había conservado su estructura más básica.

Y así fue como llegó el día en que dos mujeres israelís, Tali Shaul y Hagit Morevski, una psicoterapeuta y la otra especialista de tratamiento de aguas, decidieron crear un tipo de vivienda alternativa para dar solución a la enorme crisis de la vivienda en su país. Tras muchas cavilaciones y después de empaparse de lecturas sobre todo tipo de hogares originales, se les ocurrió la gran idea de transformar un vehículo de transporte público en una preciosa casa. Y ese día decidieron comprar un destartalado autobús en el almacén israelí de transporte público de la compañía Dan para someterlo a una reforma profunda. Y así es como acabaron comprando a nuestro viejo autobús.

En su complicada misión contaron con la ayuda de un amigo diseñador, Vered Sofer Drori, que les sirvió de guía para llevar a cabo la plena restauración del automóvil. Había pocas cosas que todavía quedaran intactas, pero el autobús fue totalmente saqueado y despojado de todas sus características piezas interiores. Se planteó el dilema de mantener su aspecto exterior o moderlarlo también en función de las necesidades de la vivienda, pero al final el diseño de la casa respetó la forma original del autobús y comenzaron las obras. Un tiempo después, el vehículo había sido totalmente restaurado, de arriba abajo, y miraras donde miraras solo podías observar un precioso ejercicio de diseño.

Bus israelí restaurado

Suelo y techo se habían reformado. Podían hallarse diferentes escalones que servían como aisladores de estancias; así, subiendo un simple escalón podías hallarte en mitad de un bonito salón, mientras que si lo bajabas te encontrabas en el pasillo de la cocina. Pequeños desniveles que, a pesar de estar todas las dependencias de la casa bajo el mismo techo, permitían generar una mínima sensación de separación. Lo que nunca se iba a echar en falta era la luz, pues los enormes ventanales a lo largo del autobús permitían la entrada de sol a lo largo del día y, al caer la noche, los halógenos cumplían con entereza la misma misión.

Cuando iniciabas los primeros pasos hacia el interior del autobús, donde antes te encontrabas a un chofer recio pidiéndote dinero para el billete, ahora existía una pequeña zona de lectura y evasión: una mesita baja con libros y revistas para matar el tiempo. Delante de esta zona, todavía podías encontrar un gran volante para dirigir al automóvil y un acolchado puf moderno en blanco y negro para sentarte frente a él y soñar que viajabas a los confines de la Tierra, pero esto no sería posible. El motor del autobús no quiso ser reparado, así que a pesar de sobrevivir al desguace no podría volver a ponerse en marcha nunca más.

En el mismo lateral (el derecho), pero adentrándonos hacia el fondo del autobús, uno se hallaba con el comedor-salón, constituido por una mesa y un par de minisofás cara a cara de color naranja chillón, al estilo de las cafeterías americanas de los años 60, para despachar alguna comida o iniciar una amena conversación. En frente de todo esto (lateral izquierdo), una extensa barra de cocina con su encimera, su grifo, sus fogones, sus armarios inferiores y todo una colección de utensilios varios estaban dispuestos en orden, para ofrecer todas las comodidades de una cocina tradicional.

Bus israelí interior

En el centro del autobús, donde antes hallábamos unas dobles puertas para bajar en cada parada, se optó por cerrar las vistas al exterior suprimiendo las ventanas en esta parte y convirtiendo toda esta zona central en un lugar de almacenamiento con un destacado vinilo de Audrey Hepburn y, en frente, el cuarto de baño, formado por una ducha amplia y un lavabo estándar, suficientes para un aseo diario cómodo. Y el aventurero que llegaba hasta el final del autobús se encontraba de cara con el dormitorio, una enorme cama ocupando toda la anchura del vehículo, con un bonito cabezal y reposabrazos, invadida por cojines, que bien podía ser utilizada como lecho o como sofá.

Afuera volvían a brillar dos focos potentes de luz que iluminaban los alrededores durante la noche, pero el viejo autobús ya no oiría chirriar sus ruedas sobre el asfalto de la carretera.

Fuente: Jspace

Fotos / Lior Danzig

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