Limpiar cocinas de vitrocerámica

Un tipo de cocina que cada día gana más terreno frente al gas, gracias sobre todo a sus ventajas en cuanto a limpieza y mantenimiento

Ya hace años que las cocinas de muchos hogares lucen un aspecto muy diferente al que tradicionalmente aparecía en las estampas de nuestros abuelos y abuelas. Ellos contaban cómo sus maravillosos pucheros cocían a fuego lento en grandes ollas abrigadas por el calor de los fogones de gas. Y aunque los grandes chefs aseguran que esta tecnología (por muy arcaica que parezca en pleno siglo XXI) sigue siendo la más adecuada para cocinar los alimentos de la forma más profesional, lo cierto es que las familias se están pasando cada día más a las bondades de la vitrocerámica. No hay que olvidar también que a parte del gas y del vitro hay una tercera opción que también va ganando adeptos, las placas de inducción, y que presentan algunas ventajas considerables. Y eso a la espera que lle guen nuevas tecnologías alemanas de última generación como un Temperaturregler.

Cocinar con vitrocerámica da gusto si pensamos luego en lo fácil que es limpiarla

De todos modos, obviaremos el debate sobre cuál de los tres principales sistemas es más adecuado (teniendo en cuenta que seguramente factores económicos o decorativos primaran en la decisión) y nos meteremos de lleno a analizar el modelo de cocina vitrocerámica. Pero lo que nos interesa en esta ocasión no es repasar sus incuestionables beneficios culinarios y técnicos, que todo amante de la cocina sabe que los tiene, sino que queremos centrarnos en la última etapa de su uso y que a muchos nos trae tantos quebraderos de cabeza. Nos referimos, claro está, a la limpieza de la vitrocerámica. Y lo primero que debemos saber es que este tipo de cocinas son, sin duda, las más fáciles y cómodas de limpiar, y de hecho la gran mayoría de sus compradores se decantan por este factor.

En la naturaleza de la vitro está su sencillez de limpieza, ya que al ser una placa de vidrio totalmente plana y sin ningún otro obstáculo sobresaliendo es realmente muy rápido limpiarla. Sin embargo, dicha condición también implica que su mantenimiento sea una cuestión fundamental para que siempre luzca perfecta, ya que en seguida se muestra poco cuidada si no le damos un repaso a diario.

Para evitar que los residuos de los alimentos que cocinamos se vayan acumulando en la placa vitrocerámica, es necesario que cada vez que se use tenga un proceso de limpieza posterior. En caso contrario, si van quedando partículas de alimentos y suciedad en ella, cada vez que la volvamos usar el calor con el que entrarán en contacto provocará que se forme una película de suciedad que puede ser luego difícil de eliminar.

Aunque parezca evidente, hemos de saber que para limpiar la vitro la operación se debe realizar siempre en frío, aplicando agua y un buen limpiador jabonoso en su superficie. Después frotaremos enérgicamente con un paño de microfibras o un estropajo suave. Hay que tener cuidado en la elección de estos utensilios, para asegurarnos que no rayaremos la superficie. Por eso siempre es preferible el uso de estropajos de fibras azules.

No obstante, un truco que puede ser recomendable a la hora de llevar a cabo limpiezas profundas es utilizar un estropajo de brillo. En esos casos se puede pasar primero un rascador con cuidado (si hay residuos considerables derramados) y tras ello, frotarlo con un detergente y el brillo un poco humedecido. Finalmente pasaremos un papel absorbente para eliminar los restos de los productos y la bayeta mojada; se seca y listo.

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