Una escalera musical

Se trata de un diseño exclusivo de Leander Angerer y David Ross, que sustituyeron la estructura de una escalera interior por cuerdas de raqueta de tenis, creando todo un órgano musical.

Escalera musical

Vamos a imaginárnoslo aunque sea un instante. Nos ponemos en situación: hay una enorme escalera que nos permite acceder a un segundo piso y nosotros estamos ahí, al borde del primer escalón, a punto de subir o de bajar, da igual. Iniciamos nuestra empresa y en lugar de esa típica manía de ir pasando nuestra mano por la barandilla a medida que ascendemos o descendemos, ahora pasamos nuestros dedos por la parte inferior de la barandilla. Y mientras dejamos atrás los escalones, una melodía sinfónica nos acompaña, de la que nosotros mismos somos autores. De forma, que el que nos observe desde el extremo opuesto, tendrá la extraña sensación de que nos hallamos inmersos en una escena de película.

Esto que parece un absurdo microrrelato de ficción no es más que una breve descripción de lo que sucedería si contáramos en casa con el diseño único de los artistas Leander Angerer y David Ross. Dos diseñadores que restauraron una antigua escalera victoriana en una casa de Londres y que dieron rienda suelta a su imaginación para romper con todos los cánones. Dado que el cliente quería acabar con gran parte de la escalera porque le desagradaba su estado de conservación, estos diseñadores en lugar de embellecer la pieza de ebanistería, optaron por sustituirlo todo con algún elemento que aligerase la estructura. Y entonces apareció la cuerda de raqueta de tenis.

Tal y como leéis, y tal y como se aprecia en la fotografía, la mayor parte de la estructura de la escalera fue sustituida por un entramado de cuerdas configurando lo que parece más bien un arpa gigante, tanto física como funcionalmente, porque esta escalera cuenta con la peculiaridad de que se puede hacer sonar sus cuerdas con la mano. Una escalera musical donde se combina el estilo clásico original con el ingenio de la reforma.

Esta idea tan original ha permitido a un mismo tiempo ganar en espacio, dado que se amplía la visibilidad y se favorece así la sensación de amplitud. La escalera se integra de forma armónica en la estancia y adquiere un protagonismo singular, rematado por ese barniz de alto brillo con el que ha sido tratada. Si tenemos niños en casa, seguro que esta idea les encantaría, aunque tal vez algunos de nosotros acabáramos hasta el gorro de oír las cuerdas sonar por casa, como si algún fantasma aburrido se divirtiera con ellas.

Fuente / David Blair Ross

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