Una mesa compartida entre humanos y pájaros

Gregorie de Lafforest es el diseñador de esta peculiar mesa que incopora una jaula para pájaros en su estructura, con una zona más tradicional y otra más palaciega.

Mesa humanos y pájaros

Una vez más vamos a jugar con la imaginación. Lo que os traigo hoy es un mueble real, pero que desgraciadamente no vamos a poder adquirir en ninguna tienda. Esto se explica porque la obra reside expuesta en la Galería Gosserez y si queremos contemplarla con nuestros propios ojos no nos quedará más remedio que acudir a la capital parisina. Su diseñador, francés por supuesto, se llama Gregorie de Lafforest y lo que nos propone es una convivencia única y mútua, entre los humanos y los animales, y qué mejor forma de hacerlo que uniendo nuestros espacios comunes con el hábitat de los pájaros.

Voy a concretar. El innovador diseño de Lafforest consiste en una mesa sencilla, de madera, con cuatro patas estilizadas, pero llamativas por su contorneado que renuncia a esos horribles picos a los que nos tienen acostumbrados los más modernos, y apuesta por formas mucho más suaves y redondeadas que armonizan entre sí. Sin embargo, todo esto seguiría siendo insuficiente para dedicarle estas letras si no fuera por ese increíble conjunto de habitáculos que atraviesa la superficie de la mesa en uno de sus extremos. Efectivamente se trata de una jaula, una jaula blanca para pájaros, pero con una forma peculiar y una estructura todavía más singular si cabe.

Por la parte inferior de la mesa, asoman los típicos barrotes de una jaula -aunque ésta sorprende por su gran anchura-, y por la parte superior, lo que observamos son tres torreones de cristal de diferente tamaño que conectan directamente con la jaula y asoman por encima de la mesa. Esta jaula incrustada en la mesa, permite a los pájaros desenvolverse con libertad en toda su área, perfectamente ventilada por la parte inferior gracias a las rejas, y pudiendo acceder los más valientes a esas tres cúpulas transparentes donde nos podrán acechar mientras estudiamos, leemos o incluso comemos.

Pájaros que nos hacen compañía y que se hallarán totalmente cómodos en esta peculiar jaula que además incorpora un árbol blanco en su base para apoyarse en sus ramas, y su correspondiente bebedero en la base. Qué más puedo decir… me parece genial esta idea de compartir mesa con mis adorables pájaros, aunque sea en el mismísimo recibidor. La única pega es que la jaula incordiaría un poco a la hora de sentarnos y cruzar las piernas, y si nos acercáramos demasiado seguramente nos llevaríamos algún picotazo cariñoso. Pero eso, al fin y al cabo, son males menores.

Fuente: Grégoire de Lafforest

Foto: Jérome Galland

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