Solucionar conflictos vecinales comunes puede ser sencillo

Conocer las reglas y, en principio, mediar verbalmente con el causante del problema, es esencial para resolver inconvenientes con los vecinos. Ruidos, seguridad y morosidad son los percances habituales.

Solucionar conflictos vecinales comunes puede ser sencillo

Vivir en paz y armonía con nuestros vecinos no siempre es una tarea fácil. Solucionar conflictos vecinales comunes podría ser sencillo si se atienden las normas establecidas y además se apuesta por el diálogo cordial como punto inicial. Todos los países tienen regulaciones legales al respecto, pero en general coinciden en sus estatutos.

Cuando se trata de conjuntos residenciales o edificios donde los propietarios comparten áreas comunes, los conflictos suelen estar a flor de piel. Incluso, un inconveniente menor puede ir agravándose si no se le da la atención necesaria y oportuna. Existen entes que brindan orientación sobre cómo proceder en determinados casos. Por ejemplo, en España, funciona una especie de consultorio del “Colegio de Administradores de Fincas de Madrid”.

Recurrir a organismos especializados es una forma de enmendar contrariedades sobre la forma de actuar de los vecinos ante un daño. Sin embargo, expertos en la materia dan luces sobre las quejas más usuales y su posible solución. Por ejemplo, los ruidos molestos, causados por un aire acondicionado, trabajos de construcción, reparaciones o fiestas, entre otros, están contemplados en casi todas las regulaciones. De hecho, hay mediciones que establecen el límite sonoro en cada municipio.

Los conflictos vecinales más comunes

Generalmente cuando se realiza la instalación de equipos que generan sonidos altos ya sea en locales cercanos o en un apartamento, se debe contar con la aprobación de la comunidad. Si tras los llamados de advertencia a solventar el entuerto los involucrados no hacen caso, se puede recurrir a instancias jurídicas.

Cada propietario debe entender que no vive solo, que no habita una casa en las afueras de la ciudad, y que tiene que respetar las reglas de convivencia. Si por la vía del diálogo amistoso no entiende su falta, también podría convocarse una Junta de Condominio y adoptar medidas de presión. Esto aplica con el mal uso de las zonas comunes.

El retraso en el pago de la cuota mensual a la administración del edificio figura entre los conflictos comunes. Más aún si se trata de sumas adicionales para cancelar refacciones especiales. Los morosos nunca faltan y esto puede traer males mayores. Cuando el impago se prolonga, su efecto negativo incluirá el desmejoramiento de las instalaciones.

Lo principal es actuar de inmediato contra la morosidad. Acudir al propietario y solicitar de buen modo la cancelación de la deuda. En caso contrario, a la semana siguiente se le notificará por escrito. De no obtener respuesta, se procederá a aplicar acciones legales que, dependiendo de la gravedad del incidente, puede derivar en el embargo de la propiedad.

Mantenimiento periódico

La mejor manera de prevenir el deterioro de las instalaciones comunes es realizar un mantenimiento regular. Para ello se debe disponer de un fondo específico y cumplir con los pagos pactados. Así se evitarán averías graves. Lo más conveniente es contratar una empresa especializada que se encargue del asunto.

Cuando surgen reparaciones de urgencia, muchos vecinos se quejan de la situación y se niegan a costear los gastos. Esto suele crear disputas en la junta. Es por ello que también se requiere contar con un dinero adicional para solventar fallas de última hora. Igualmente si el problema viene de un solo departamento y éste afecta a sus vecinos, (humedades, cortocircuitos, etc.) el afectado deberá arreglar su avería lo más pronto posible. Todos los problemas con vecinos tienen solución, pero hay que trabajar en ello.

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