Debajo del empapelado, un dolor de cabeza

Cuando nos proponemos quitar el empapelado de nuestra pared sin conocer qué hay debajo de éste podemos llevarnos una gran sorpresa. Es este post mostramos un caso particular y mostramos cómo se pudo solucionar con un poco de ingenio y esfuerzo.

Debajo del empapelado, un dolor de cabeza

Debajo del empapelado, un dolor de cabeza

En esta ocasión me gustaría comentarles un inconveniente que tuve hace un tiempo atrás, cuando me propuse pintar la habitación de mi hermana. Cuando nos mudamos al departamento, las habitaciones estaban empapeladas con un material ya desgastado y manchado por los años, aunque se notaba que la colocación había sido buena. Para hacer las cosas bien, nunca se recomienda pintar sobre el papel en una pared, dado que la humedad de la pintura puede englobarlo y terminar siendo un gran dolor de cabeza.

Por esa razón, me anoté en la tarea de quitar el empapelado corregir las imperfecciones y pintar con el muro en las mejores condiciones posibles. Sin embargo, la jaqueca llegó por otro lado. En primer lugar, compré un líquido diluyente que ayuda a quitar el pegamento y hace que sea más fácil remover el material, aunque el agua caliente también funciona muy bien en estos casos. Lo primero que encontré debajo fue otro papel. Pero este estaba aún más adherido a la pared de lo que podía esperar.


El hallazgo se tornó más complicado cuando con la espátula penetré en la pared y dejé una raja importante, que requeriría yeso para su reparación. ¿Cuál fue el segunda descubrimiento? Debajo del segundo papel, no había revoque fino de cal y cemento, sino que se trataba de una terminación en yeso. Esto complicó las cosas dado que la adherencia del pegamento al yeso, sumado con la cantidad de años que tenía colocado el papel habían conformado una sola materia.

Quitar el empapelado y corregir las imperfecciones

Quitar el empapelado y corregir las imperfecciones

Como ya había empezado y gran parte del primer papel había sido removido, no quedó otra opción más que continuar, tratando de no aplicar mucha fuerza para raspar el papel ni dañar el muro. Esto fue casi imposible en ángulos, cerca de los zócalos y lugares de difícil acceso o extrema adherencia.

No había que rendirse. Una vez quitado el papel, lijé la superficie y eliminé los restos de pegamento y residuos. Luego mezclé yeso y enlucido plástico para rellenar las grietas causadas por la espátula y por último recubrí todas las paredes en su totalidad con una capa fina y continua de enlucido plástico para muros. Una vez seco, pasé fijador, dejé absorber y preparar la pintura. La aplicación fue bastante cuidadosa para que no se levantara el enlucido.

Este ejemplo intenta dar cuenta de los dolores de cabeza que se pueden encontrar bajo un simple papel de pared.

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