Luces cálidas y frías, un recurso más para dar estilo la vivienda

Las luces cálidas pueden ayudarnos a achicar algunos ambientes y hacerlos más apacibles, y las frías amplían los espacios, y ofrecen mayor intensidad de iluminación. La elección dependerá del estilo que elijamos para nuestro ambiente. También podemos combinarlas.

Luz Calida

Luz Cálida

¿Cómo podemos darle un toque de estilo a nuestros ambientes utilizando la luz como recurso? Es sabido que existen distintos tipos de iluminación, y en muchos casos los usamos sin conocer bien cómo es mejor combinarlos o aprovecharlos.

En primer lugar, debemos diferenciar las luces “cálidas” de las “frías”. Este es un paso muy sencillo dado que la distinción más de inmediata se da por el color. Las primeras se destacan por sus tonos amarillos y anaranjados, en general achican un poco los ambientes y los tornan más apacibles.

Por otro lado, las segundas se caracterizan por sus matices blancos y azules, y al ser más parejas abren los espacios y generan menos sombras. Por esa razón se convierte en un gran aliado a la hora de ampliar habitación de tamaños reducidos o bien para obtener mejor rendimiento en cocinas y baños.


Las cálidas tienen una profundidad mayor y resaltan los detalles, a diferencia de las frías que no discriminan relieves y aplanan la visual, dado que su iluminación uniforme. Generalmente, las primeras son ideales para sectores de lectura, como bibliotecas, salas de estar, de estilo antiguo, y en ambientes con mucha madera, ya que su color se complementa con los tonos de las vetas y marrones de la misma.

Luz fría

Luz fría

Sin embargo, dependerá también de nuestro gusto particular. No a todo el mundo le gusta leer o siente relax con la luz amarilla o anaranjada. Por esa razón, no se puede atribuir un determinado tipo de color a un ambiente de forma arbitraria.

Muchas veces podemos integrar ambas tonalidades, para que un mismo ambiente ofrezca dos tipos de “estados”. Por ejemplo, podemos contar con luces frías que sobresalgan del cielorraso para que alumbre todo el espacio, cuando se requiere mucha intensidad. Y complementar con luces de escritorio, o bajas de pie con focos de luz cálida, que generen más intimidad.

Otra de las estrategias que podemos utilizar en el caso de las cálidas es un regulador de tensión que nos ayude a administrar la intensidad y de esa manera no recurrir a dos tipos de luces.

Entonces, los tipos de colores no se asocian directamente con los ambientes, y aparte de los gustos personales, pueden estar ligados a los estilos arquitectónicos que utilicemos en nuestra vivienda. Sin embargo, las prestaciones son fijas. Las cálidas generan más profundidad y reducen el espacio, mientas que las blancas amplían y no distinguen relieves.

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