Construye habitaciones lúdicas para tus hijos

Los pedagogos reivindican que los niños tienen que aprender divirtiéndose y en esta dirección, las habitaciones de los más pequeños pueden determinar su inteligencia emocional, su inteligencia intelectual y su desarollo neurológico.

Los espacios lúdicos son imprecindibles en la infancia de los niños.

Las habitaciones son como pequeños mundos donde sus huéspedes viven y se desarrollan. Por eso cada habitación tiene que estar constituida acorde a la edad de quien va a habitarla; de alguna manera se convierte en una influencia directa en nuestra vida, especialmente cuando estamos hablando de los más pequeños. En un momento clave como es la infancia, los niños están en fase de aprendizaje, de desarrollo, de evolución. Y los entornos en los que viven y se desplazan son los que determinarán la inteligencia emocional, la inteligencia intelectual y el desarollo neurológico de nuestros hijos. Por ello es imprescindible que les regalemos dormitorios lúdicos, hechos a su medida.

Lo dicen cada vez más los pedagogos: los niños tienen que aprender divirtiéndose. Un buen desarrollo de la infancia es suficiente para modelar a las personas con una inteligencia superior a la media. Ya lo decía el mismísimo Einstein: “Si quieres que tu hijo sea sabio, cuéntale historias; y si quieres que sea más sabio todavía, cuéntale más historias”. En el camino del aprendizaje cuanto más se ofrezca, mejor desarrollo de la infancia obtendrá el niño. En la antigüedad, solo podían contar con el recurso oral de los cuentos y las leyendas, pero en la actualidad hay tantísimos objetos y juegos lúdicos para estimular el desarrollo de los más pequeños, que podemos fácilmente crear habitaciones únicas e ideales para ellos.

Según la edad, se dictan elementos y entornos lúdicos diferentes. Así, hasta los seis años aproximadamente lo que necesita cualquier niño es una habitación donde se sienta seguro y arropado y pueda interactuar e incentivar su potencial. Para ello lo ideal es diseñar un espacio rebosante de estímulos visuales, auditivos y táctiles con los que pueda jugar y aprender, y cuyos muebles estén al alcance del niño para que pueda conocer nuevas fronteras y todas sus curiosidades puedan ser satisfechas. Abrir un cajón, escalar un mueble, cerrar una puerta, distinguir colores… serán experiencias únicas en la vida de nuestros pequeños. Lo importante siempre es favorecer el juego, porque esta es la clave del aprendizaje.

Entre los siete y los catorce años, la habitación tiene que ir cambiando hacia un ágora abierto a la diversidad, a la vida y a las relaciones con los otros. Atendiendo siempre a lo que siente, el niño en esta fase necesita compartir -que no es lo mismo que competir-e interactuar con la familia y los amigos para enriquecerse emocionalmente. Las mesas colectivas siempre son un elemento ideal para conseguir estas interacciones entre personas. Conforme los niños dejan de ser tan niños y avanzan hacia la pubertad, el cuarto se convierte en un espacio más personal y más reservado, que requerirá de cierta privacidad, aunque eso no quiere decir abandono ni falta de atención. El adolescente empieza a dar sus primeros pasos en el mundo real, a analizar su presente y a construir su futuro.

Es importante tener en cuenta las fases en la vida de una persona, las necesidades que van ligadas a cada edad y las oportunidades que les puede brindar cada entorno. Asegúrales una larga infancia y una bonita madurez hacia la adolescencia. Al fin y al cabo, solo la vivimos una vez.

Foto: Mads Boedker

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