4 razones por las que comprar un piso para reformar es una buena idea

Invertir en pisos baratos para luego venderlos más caros, una vez reformados, puede ser un buen negocio, si se cumplen algunas condiciones. Posibilidades de restauración del inmueble y buena demanda potencial.

reformar casas

Con la caída del precio de la vivienda han aumentado los deseos de invertir en la compra de inmuebles con intención de reformarlos. Son pisos o edificios viejos con precios bajos por su deterioro y que, sin embargo, se encuentran bien situados, por lo que cuentan con mucha posibilidad de ser adquiridos una vez adecentados, por un valor superior a la inversión realizada en compra y reforma.

Si es una inversión rentable o no, es algo que cada uno tendrá que analizar en función de sus pretensiones y aficiones. Si uno está pensando en invertir en la compra de un piso para reformarlo y luego venderlo es que tiene dinero para poder hacerlo, es decir, se puede permitir el lujo de que la operación le salga bien o mal. Porque si no fuera así, la respuesta sería clara: no compensa invertir, pero ni en esto ni en nada.

Invertir compensa siempre, incluso en viviendas

Si se tiene dinero suficiente, mejor dicho, sobrante, invertir compensa siempre. Si no se dispone de ese dinero sobrante, no hay que invertir nunca. ¿Por qué no hay que invertir nunca en este caso? Porque la posibilidad de perder dinero cuando se invierte es muy alta. Es algo muy parecido a lo que sucede cuando compramos lotería o participamos en cualquier tipo de apuesta. Cuando jugamos con dinero lo hacemos, a no ser que seamos enfermos ludópatas, sólo con la cantidad que no nos importa perder, y con la ilusión de ganar, que no suele darse, pero: “no me llames iluso porque tenga una ilusión”.

¿Y por qué es bueno invertir (mejor incluso que jugar a la lotería) si dispongo de dinero que no necesito y deseo hacerlo? Pues porque es mejor tener el dinero en movimiento que quieto debajo del colchón o en el banco, que actualmente viene a ser lo mismo.

Una inversión, se gane o se pierda, hace que la economía se mueva, y eso ya es bueno. Una economía en movimiento puede generar empleo, promover la investigación, reactivar las empresas. Es verdad que también se puede invertir para especular, para hundir una empresa, o forzar el precio de un producto determinado, pero yo, a eso, no lo llamaría inversión, sino atraco.

Desde esta perspectiva podemos pensar en la inversión más beneficiosa, más positiva para la sociedad en general, la que cree más empleo, aunque a lo mejor no me reporte a mí los máximos beneficios o incluso pueda perder algo de lo invertido. Pero habrá merecido la pena. Y, por supuesto, los gustos y preferencias, como en todo, también influyen en este campo: ¿en dónde prefiero, en qué me gustaría más invertir?

Invertir en pisos: una idea que hay que repensar

Yo lo tengo claro, si tuviera dinero para invertir, invertiría en la compra de inmuebles para mejorarlos, de manera que su venta posterior resultase rentable. Y lo haría porque de esa forma generaría trabajo y puede que también empleo. Y porque me encanta el aspecto creativo, estético, que conlleva la reforma o recuperación de un espacio.

Pero invertir en este sector no es lanzarse sin más a la aventura, es necesario tener en cuenta que no todas las viviendas son adecuadas para lo que pretendemos hacer. Habrá que partir de precios de venta asequibles: cuanto menos nos cueste adquirir un piso o una casa, más margen de inversión en la mejora y más beneficio en su posterior venta.

Precio asequible lo suelen tener inmuebles viejos, deteriorados, que requieren muchos gastos para su recuperación, por esa razón suscitan el interés de pocos compradores y eso hace que sus propietarios, muchas veces lo son por una herencia, que quieren deshacerse de ellos, los ofrezcan a buen precio con tal de quitárselos de encima cuanto antes sacándoles algún beneficio.

Pero si queremos que nos sean rentables, han de estar situados en el centro de las ciudades o cerca de él, y si se encuentran en zonas rurales o medios naturales, con fácil accesibilidad y apetecibles. Es decir, tiene que ser potenciales de fuerte demanda, de fácil venta, para que nos merezca la pena reformarlos.

De entrada no suelen ser precisamente bonitos, por eso hay que tener cierta vista para descubrir la ganga que ocultan y puede ser sacada a la luz. Y, de la misma manera, no compraremos cualquier casa por barata que sea si realmente no podemos sacar luego nada de ella, ya sea porque esté excesivamente deteriorada, porque su estructura no admita mejoras considerables o por algunos otros inconvenientes que señalaremos a continuación.

Puedo tener en mente una la feliz idea tan espléndida como irrealizable: si se va de presupuesto, o si la comunidad de vecinos en la que se asienta la vivienda se opone a lo que pretendo hacer, o si las administraciones encargadas de autorizar el proyecto son contrarias a él o ponen tal cantidad de condiciones que hacen imposible la empresa. Por el contrario, si tenemos suerte, podremos beneficiarnos de ventajas por la compra de viviendas de segunda mano y optar a ayudas para la reforma de las mismas.

Desde el punto de vista creativo podré reformarlo a mi gusto, incluso, respetando los muros de carga, crear nuevos espacios partiendo prácticamente de cero. Me permitirá experimentar con la pintura, la decoración, con todo tipo de mejoras. Es evidente que para todo esto hay es necesario poseer un mínimo de conocimientos en la materia y contar con buenos profesionales que acometan la obras requeridas adaptándose a las normas actuales de obligado cumplimiento sobre edificación y reforma. Esos profesionales me ayudarán a obtener un presupuesto realista permitiéndome decidir sobre si la inversión merecerá la pena; porque pena y entretenimiento voy a tener seguro.

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