¿Por qué es una buena idea reformar tu casa antes de venderla?

reforma

Hoy día está muy en boga eso de reformar la casa para aumentar su valor de venta, pero como dice la canción: depende, todo depende… De hecho, no vale con cualquier reforma, hay algunos espacios específicos que siempre le otorgan valor a la casa. Otros no tanto. Al mismo tiempo, muchas veces más que una importante reforma, lo que se necesita es invertir en redecorar.

Una casa reformada puede aumentar su valor entre un 20 y un 60 %, en función de las características de la propiedad: dimensiones, antigüedad, valor arquitectónico, lugar en el que está situada. Sin embargo, para conseguir esa revalorización, hay que tener en cuenta algunas de las cosas que se convierten en protagonistas de nuestro artículo de hoy en Vivir Hogar.

Desde luego el que vive de reformar casas te dirá que sí, que merece la pena. Al fin y al cabo, se le va la vida en ello. Pero quien pone el dinero eres tú, no lo olvides y puede que si no afinas bien no te salgan las cuentas.

Cuándo trae cuenta reformar para vender

Te puede interesar invertir en reformar la casa si el dinero que puedas obtener de su venta no lo necesitas inmediatamente. Me explico: si andas necesitado de dinero ya, lo primero es no gastarlo y lo segundo obtener lo que puedas lo antes posible e invertirlo en aquello que realmente te interesa. Cualquier reforma necesita inversión de dinero y de tiempo y retraso por lo tanto en la venta de la casa y en la materialización del posible dinero obtenido.

Si en tu horizonte está el acceder a un crédito para comprar otra casa o por cualquier otra razón, o si ya tienes un crédito que estás amortizando, siempre te compensará más pedir el menor monto posible, o cancelarlo cuanto antes, aunque los bancos te digan lo contrario. Lo que te vas a ahorrar en intereses y comisiones pidiendo un crédito menor de inmediato o cancelándolo, te garantizo que será mayor que lo que pudieras obtener por la revalorización de la casa gracias a tu reforma pero lastrado por su retraso en la venta.

Por lo tanto, en un caso así, compensaría más calcular el gasto que supondría reformar esa vivienda y ofrecérselo como rebaja del precio de la casa al posible comprador para que sea él quien pueda hacer la reforma a su gusto, y tú la puedas vender lo antes posible.

Pero si no te urge el dinero, sí te puede interesar invertir en reformas, sobre todo si además tu casa tiene valor ya en sí misma porque es grande y luminosa; porque está bien situada, en un lugar apetecible; porque cuenta con elementos artísticos o un buen diseño arquitectónico, aunque en este caso cuidado por los impedimentos y las dificultades que puedan surgir a la hora de obtener los permisos correspondientes para acometer las reformas.

Si tu casa es de construcción reciente, cuenta con más de treinta años de antigüedad y es una más del montón, sin nada especial que la haga apetecible, ni se encuentra bien situada, mejor déjala como esté y ofrece facilidades a la hora de venderla como ya se ha indicado antes. Claro que siempre puedes hacerle un lavado de cara, sin gastar mucho dinero, pues “si aunque la mona que se vista de seda, mona se queda”, no es menos cierto que dar una buena imagen siempre ayuda.

La última opción, en caso de que tengas dinero para ello y tu propiedad lo permita, es, en lugar de reformar, demoler y construir de nuevo con materiales, técnicas, calidad y normativas actuales. Luego la vendes por más, o te quedas a vivir en ella.

Qué es importante reformar

Si valorados todos los aspectos decides reformar, tampoco conviertas la casa a vender en un palacio, es mejor que no gastes mucho para que el resultado te sea más rentable. Y porque, generalmente, a quien compra le gusta hacer sus propias reformas a su gusto y no que todo se lo den hecho; suele preferir mejor una rebaja proporcional en el precio.

De menos a más esto es lo que se puede ir haciendo:

  1. Lo menos costoso y más rentable es lo que llamamos un lavado de cara: una buena limpieza a fondo, aligerando la vivienda de muebles si es que los tiene. La limpieza realizada nos indicará los nuevos pasos a dar.
  2. Pintura de paredes y techos. Pintar puertas, rodapiés, ventanas, ya es más cuestionable, dependerá mucho del estado en que se encuentren.
  3. Mejora de los suelos. Acuchillado, pulido, abrillantado o lo que corresponda en función del material: madera, mármol, gres, moqueta… Prestando especial atención a la cocina y los sanitarios.
  4. Hasta aquí lo más barato, no nos hemos metido en obras. Puestos a gastarnos más porque la casa lo requiere y tenemos seguridad de que compensará la inversión, acometamos obras contando con los permisos correspondientes en cada caso. Nos podemos plantear:
  5. Cambiar puertas y ventanas, con el objetivo de mejorar el aislamiento, la seguridad y también la estética.
  6. Reforma de suelos, baños y paramentos azulejados.
  7. Reforma del mobiliario de la cocina.
  8. Unir algunas habitaciones, si la casa cuenta con muchas, para conseguir espacios de mayor dimensión.
  9. Hablamos ya de palabras mayores si pensamos en armarios empotrados, caldera, radiadores, instalación eléctrica, incluso fontanería.

Termino con un chascarrillo y que cada uno saque sus conclusiones: le dijo un amigo un poco ingenuo al listillo de turno: “no logro vender el coche porque tiene muchos kilómetros”. A lo que el otro le respondió: “no te preocupes yo tengo un conocido que te puede dejar el cuentakilómetros como si hubieras recorrido sólo unos pocos. Al cabo de un tiempo se encontraron de nuevo y el listillo le preguntó al ingenuo: “¿qué, vendiste el coche?” A lo que el otro le respondió: “sí, hombre, ahora lo iba a vender, ¡con tan pocos kilómetros me he quedado con él!

Foto: © urfingus

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