Elementos decorativos del pasado: metal en las puertas

Chapas de cerradura, clavos, llamadores… las puertas de hace décadas y siglos incluían elementos decorativos y funcionales de metal

puerta

Cuando se habla de arquitectura se suele hacer referencia a grandes conceptos con el espacio y la luz como los dos grandes protagonistas. Sin embargo, es justo decir que, en no pocas ocasiones a lo largo de la historia, los pequeños detalles han marcado la diferencia estilística y de calidad en diversas construcciones. Elementos que muchas veces pasan desapercibidos ante los ojos inexpertos pueden tener un gran valor decorativo y funcional.

Algunos de estos objetos que se encuentran en un segundo plano son los distintos componentes metálicos que históricamente han completado y complementado las puertas de madera. En castillos, palacios y edificios de carácter religioso a lo largo de los siglos y atravesando diversos estilos, las puertas se han reforzado y adornado con estos elementos metálicos que les han conferido personalidad y carácter propios.

-Chapas de cerradura: reducidas a simples cajas de hierro con perfiles biselados carentes de deseo decorador durante la alta Edad Media, será con la llegada del Gótico cuando el interés por ornamentar estas placas empieza a abrir un campo de decoraciones vegetales a base de calados y repujados para complicarse de tal forma que se llegan a añadir doseletes y pequeños pináculos a imitación de la arquitectura que completan.

El renacimiento enriquece las cerraduras que ahora se fabrican en bronce dorado con una compleja decoración al gusto del momento. La fuerte presencia de la figura humana en el arte renacentista tiene una directa influencia en la decoración de estos pequeños elementos que también reciben la entrada del ser humano en forma de bajorelieves y acompañados con grutescos y candelieri. De especial interés en la España del siglo XVI es la fuerza del estilo escurialense que muta las chapas de cerradura en pequeñas imitaciones arquitectónicas.

El barroco, por su parte, dará paso a un tipo de cerradura más estilizada con complejas formas que perfilan sus líneas destacando sobre la madera de la puerta. En el siglo XVIII la forma de flor de lis será la más reproducida.

-Llamadores: se trata de una placa metálica y un martillo de igual material que, como su nombre indica, se utilizaba para dar golpes de llamada en las puertas de casas nobles y catedrales. Estos elementos comienzan en el siglo XIII a tener cierta relevancia a nivel artístico. En este momento aún son muy simples sus formas con un martillo sencillo y una placa de corte circular o cuadrado.

Con el paso del tiempo y el cambio de gusto, en las placas van apareciendo calados y los martillos de llamada se presentan como anillas de formas acabadas en diente de sierra, triángulos o superposición de curvas. Pero será a partir del siglo XV cuando la complejidad ornamental de los llamadores comience a tener verdadera relevancia artística con presencia de animales completando o configurando la forma del martillo. La presencia de figuras hace posible que los llamadores lleguen a perder su característica forma de anilla ya a finales de siglo.

A partir del siglo XVI, el gran interés en la profusión decorativa que se deja ver en todas las disciplinas artísticas, da gran importancia a los llamadores en las puertas de palacios y catedrales. Aunque existe una gran variedad en cuanto a tipologías, el punto en común suele ser la presencia de animales de origen quimérico emparejados que se enfrentan ante una concha marina. Por otro lado, también es muy frecuente observar martillos conformados por el cuerpo de una sierpe de de metal con enrollada cola, boca abierta y lengua amenazadora.

Los siguientes siglos, hasta llegar al formal y estilísticamente complejo siglo XVIII, los llamadores abigarran sus diseños y no dudan en la introducción de formas arquitectónicas, figuras humanas y elementos vegetales que conforman un todo de mayor interés estético y decorativo que funcional.

-Clavos: se trata de elementos fundamentales que son introducidos en España gracias a la presencia musulmana y su adquisición por parte del mundo cristiano tiene lugar con tal fuerza que aún hoy se utiliza en el acabado de nuevas construcciones. Durante el Románico, la punta de diamante, así como los clavos semiesféricos y cónicos son las tipologías imperantes para dejar paso durante el Gótico al algo más complejo tipo que incluye una clavera, es decir, una cazoleta metálica traspasada por el clavo. La forma de la clavera variará con el paso de los siglos desde las formas lisas del XIV a las ornamentadas con nervios en el XV. El Renacimiento es el momento de las hojas, los bullones y gallones a juego con las formas de la arquitectura del momento, así como cruces y escudos de metal. Todas estas formas se mantendrán durante el Barroco con la integración de nuevos clavos de perfil estrellado y rocalla.

Imagen:  scott1723

Vía: Bonet Correa, Antonio. Historia de las Artes Aplicadas e Industriales en España. Madrid. Cátedra. 2006

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