Las viviendas tendrán que contar con un certificado de eficiencia energética a partir de junio

El certificado, obligado por ley, categorizará los inmuebles de la A a la G e influirá en el valor de los mismos

Vivienda

La eficacia y el ahorro energético en nuestros hogares es cada vez más importante, y si no lo era aún para nosotros, lo va a empezar a ser porque a partir del mes de junio de 2013, todos los edificios van a contar con una etiqueta energética, con la que se identificará la eficiencia energética de las viviendas.  Algo a lo que ya estábamos acostumbrados a ver en electrodomésticos, cada vez más en vehículos y ahora, con la intención de adaptar la Directiva Europea, también encontraremos este sistema de certificación energética en los edificios. La medida que salió a la luz el año pasado, pretendía haber sido efectiva a partir de enero de este año, pero finalmente comenzará a inicios de verano.

A partir de su aprobación, todas aquellas viviendas de segunda mano que tengan más de cinco años de antigüedad -las construidas antes de noviembre de 2007- que se rehabiliten, o que vayan a ser vendidas o alquiladas, así como todas aquellas viviendas de nueva contrucción deberán llevar por ley esta nueva etiqueta. La etiqueta deberá aparecer en la publicidad de venta de la vivienda o el arrendamiento del edificio y tendrá una validez máxima de 10 años. Luego, cada Comunidad Autónoma fijará sus propias condiciones para la renovación de la misma. El propietario de la vivienda podrá ser multado por el comprador si no ha renovado esta licencia energética.

Esta nueva ley también afectará a los locales comerciales y las oficinas. Los aspectos que se tendrán en cuenta serán muy dispares, desde la calidad de las ventanas, la utilización de placas solares, el tipo de bombillas empleadas en zonas comunes… a partir de ello los edificios se categorizarán en las siguientes etiquetas:

Letra A: Va en color verde y es símbolo de que el edificio es de los más eficientes, con un consumo de energía menor al 55% de la media.

Letra B: Es la segunda etiqueta mejor que podemos encontrar en el mercado inmobiliario y que representa un consumo de energía entre el 55% y el 75%.

Letra C: El consumo energético aumenta en esta etiqueta entre el 75% y el 90%.

Letra D: A partir de esta letra se entra ya en edificios con consumo medio, entre un 90% y un 100%.

Letra E: Edificios que superan el umbral con un gasto energético entre 100% y 110%.

Letra F: Entramos ya en extremos altos de consumo energético, entre el 110% y el 125%.

Letra G: Esta es la última letra y la que representa la mínima eficiencia energética de un edificio, con un gasto superior al 125%.

Algunos ya se estarán preguntando qué tipo de letra corresponde a su propia vivienda. No solo para saber en qué tipo de edificio más o menos sostenible están viviendo, sino a la hora de informar a un posible comprador o inquilino. Igual que hasta ahora habíamos venido detallando la superficie, la ubicación, el estado y características de la vivienda, a esto se suma ahora el tipo de eficiencia energética de la misma. La A, recordemos, será la mejor calificación (menor consumo energético), y la G la peor (mayor consumo). Lo más normal es que la gran mayoría de las viviendas construidas con anterioridad a 2007 estén por debajo de la letra E. Muchas viviendas etiquetadas con F y muchas con G es lo que podemos esperar, a no ser que hayamos adquirido una vivienda hace poco o la hayamos rehabilitado recientemente.

Lógicamente esto influirá en el valor de la vivienda. Un edificio calificado como A valdrá mucho más que aquel que esté etiquetado con la letra G. Para conseguir el certificado de una forma sencilla, existe una plataforma online, Certicalia, que sirve como herramienta. Esta etiqueta informativa sobre el consumo energético será necesaria para los futuros compradores o inquilinos, por lo que deberá figurar también en los escaparates de las inmobiliaras, algo que por ejemplo ya se viene haciendo en Italia donde podemos ver publicitado si el piso es luminoso, céntrico, letra B…

Se trata por tanto de un valor añadido que a partir del verano de 2013 va a tener un gran peso en el mercado inmobiliario. A partir de ahora ya nadie va a restarle importancia a la eficiencia y el consumo energéticos, dado que el valor de los inmuebles dependerá de ello. Para una comparativa mucho más clara, podemos poner como ejemplo un mismo vehículo de la misma marca, que pudiera ser clasificado de la A a la G, en función del mayor o menos consumo de combustible. Sin duda, todos estaríamos dispuestos a pagar un poco más por los coches que menos consumen. Esto mismo trasladado a las viviendas, nos lleva a entender su importancia.

El propietario elegirá libremente entre aquellos profesionales que ofrezcan el servicio de asignarle la categoría energética que le corresponde a su vivienda. Estos profesionales bien pueden ser arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros, ingenieros técnicos…  o bien plataformas específicas que se encarguen de esta misma tarea. El profesional elegido visitará el inmueble y tomará los datos necesarios, valorará la calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria e iluminación. También todo lo envolvente (paredes, forjados, ventanas, suelos, tejados, puertas, chimeneas…), los sistemas de generación de energía, así como la clase de electrodomésticos, incluido el tipo de cocina. Una vez valorado todos estos aspectos, el técnico tiene que proponer medidas para mejorar la eficiencia energética de la vivienda, con una estimación de las inversiones necesarias. Para subir un par de niveles, habrá que invertir entre 5.000 o 6.000 euros.

El precio medio de la certificación energética se calcula en 250 euros para la vivienda unifamiliar y en 90 euros para los pisos, aunque dependerá de si se paga individualmente o el coste se divida para todo el bloque de viviendas. Finalmente, el propietario también tendrá que presentar este certificado al órgano competente de la comunidad autónoma, lo que le costará una media de 30€ en concepto de tasas.

En defintiva, más costes y gastos para todos. Pero, al fin y al cabo, más ahorro energético y más valor añadido.

Fuente: viviendasaludable

Foto: Wikipedia

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