Terapia antiestrés en el hogar

Después de un día duro de trabajo, solo tenemos ganas de liberar el estrés acumulado. Ahora tenemos la opotunidad de acudir a Crash Therapy para descargar tensiones acumuladas y, si nos atrevemos, incluso podemos liberarnos en nuestra propia casa.

El estrés es uno de los problemas que más nos afectan en la sociedad actual, en un mundo cargado de trabajo, de obligaciones y responsabilidades, vivido a contrarreloj y con la presión en la sangre. Y al final acabas llegando a casa con dolor de cabeza y ganas de gritar al mundo. Desearías tirarlo todo al suelo, romper mil platos y destrozar todo lo que se pone por delante tuya. Pero no puedes… porque al día siguiente la depresión sustituirá al estrés. O tal vez sí que haya una posibilidad… la nueva idea de Crash Therapy nos ofrece la oportunidad de romper todo lo que queramos con un bate de béisbol o cualquier otro utensilio (como martillos) y descargar las tensiones acumuladas.

Se hace llamar terapia del estrépito o de la rotura, y consiste precisamente en romper objetos para eliminar el estrés. Existía ya algo similar en Estados Unidos donde algunos privilegiados pueden romper objetos de lujo, pero aquí en España la terapia se ha puesto al alcance de todo el mundo mediante precios asequibles de 20-30 euros con los que cualquier persona puede entregarse a esta actividad antiestrés. Javier Talavera, el gerente de esta empresa con sede en Valencia, ha explicado que los pacientes de esta peculiar terapia reciben la ropa y los accesarios adecuados para que su seguridad no se vea amenazada: visera protectora, guantes y polainas para el calzado, y además tienen la posibilidad de ser grabados durante la sesión para que luego se puedan ver en su casa.

Dicho todo esto, mi propuesta es llevar esta idea a casa. ¿Os imagináis que tuviéramos un cuartito pequeño en el hogar destinado a estos momentos de antiestrés, en el que no tuviéramos absolutamente nada, más que todo aquello viejo que no nos sirve y pudiéramos romperlo a nuestro antojo? Sería llegar a casa después de un largo día de trabajo, ponernos a romper todo cuanto necesitáramos para liberarnos y luego darnos una duchita fría antes de cenar. Seguramente dormiríamos más relajados y diríamos adiós al estrés. Además nos saldría todavía más económico, pues solo necesitaríamos trastos viejos: botellas vacías de cristal que ya nos hemos bebido, objetos que no queremos, televisores viejos que hemos encontrado en algún contenedor… Eso sí, la sala tendríamos que insonorizarla para no molestar a los vecinos. Pero la idea es buena, ¿no os parece?

Fuente: periodistadigital.com

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