Los 5 trucos imprescindibles antes de pintar tu casa

Si te decides a pintar tu vivienda, siguiendo estos apuntes básicos, convertirás tu empeño en una experiencia positiva y agradable.

Select color swatch to paint wall in a white room - rendering

Si observas las pareces y techos de tu casa cada vez más descuidados, quizás haya llegado el momento de tomar una determinación: pintas tú o pinto yo. Es evidente que te conviene renovar la pintura de tu vivienda y puedes optar por contratar a un profesional o por hacerlo tú mismo. Ambas cosas tienen sus pros y sus contras, y si todavía no te lo has planteado, quizás te venga bien echar un vistazo al artículo de los manitas, para echar cuentas.

Si decides hacerlo personalmente te adentrarás en una agradable aventura; te llevarás algún que otro berrinche pero también grandes satisfacciones y un notable ahorro para tu bolsillo. Si se lo encargas a un pintor todo será, en principio, más sencillo, más limpio, más caro. Pero no tiene por qué privarte de una de las satisfacciones de pintar: la de hacer cambios, elegir colores, texturas; todo eso es cosa tuya, en la última parte de este artículo hablaremos de ello. El pintor profesional podrá aconsejarte, pero hará lo que tú le digas.

Si quieres pintar tú, vas a necesitar como mínimo: una escalera manejable; un rodillo, cepillo de pintar o brocha; algún pincel para remates y rincones, o rodillos más pequeñitos y especiales que también los hay; un extensor a los que acoplar los diversos elementos para poder llegar a las alturas; y pintura. Estos son, junto con la pintura del color que quieras, o blanca con tintes, los materiales necesarios para empezar a pintar tu casa.

Lo encargues o no, es bueno curiosear alguna revista de diseño o interiorismo, o fisgonear por Internet. Descubrirás posibilidades, podrás intuir los acabados, te animarás a seguir adelante. De hecho, nosotros no es la primera vez que hablamos de las tendencias en colores que más se llevan para el hogar. Si aún no has visitado el anterior artículo, este es un buen momento para hacerlo.

Pintar las paredes de tu casa

¿Has decido pintar tú? Pues lo primero es preparar techos y paredes, puertas y ventanas si es el caso. Limpiarlas de polvo y procurar que queden lisas. Si en esta labor inicial, imprescindible si quieres un buen acabado, descubres que necesitas sanear humedades te va a tocar llamar a un profesional, pues no es nada sencillo.

Supongamos que no hay humedades pero seguro que sí habrás encontrado desconchones, raspones, agujeritos. Pues espátula, algún tipo de mortero rápido para irlos cubriendo y lija. Una vez aplicado el producto, cuando esté seco, si lo ves necesario añade un poco más y por último lija las superficies tratadas para que queden lisas. Limpia el polvo y ya podrás pintar. Si utilizas alguna técnica de pintura gruesa o algún tipo de estarcido, esos defectillos iniciales pueden quedar más disimulados sin excesivo trabajo. A veces puede necesitarse algún tipo de imprimación.

Antes de ponerte con la brocha, ya sé que tienes ganas, deberás pensar en la limpieza pues pintar ensucia. Esas puñeteras gotitas que saltan por todos los sitio, luego las pisas y pasan a más sitios y así sucesivamente. Para solucionar esto hoy tenemos muchas ayudas; en cualquier almacén de bricolaje o tiendas de pintura encontrarás papel con adhesivo, de distintas anchuras y a precio asequible; con él podrás cubrir rodapiés, marcos, interruptores…

¿Y el suelo? Pues más papel, de mayor extensión o plástico. Aunque a mí no me convence esa idea, a veces resbalas. Si vas a utilizar pintura plástica, es la más limpia, sobre todo si la aplicas con rodillo antigoteo, mi recomendación es tener una fregona a mano. Humedece el suelo donde vayas a empezar a pintar, no te pases, no hace falta encharcar. Las gotitas que vayan cayendo no se agarrarán al suelo si sigues pasando de vez en cuando la fregona humedecida. Te quedará una superficie un poco blanquecina pero que no extenderá su suciedad aunque la pises y al finalizar la tarea podrás limpiarla fácilmente con un detergente normal.

A la pintura, pintor

Empieza pintando siempre por el techo, así las posibles gotas que caigan sobre las paredes podrás cubrirlas después. Píntalos en dirección perpendicular a las entradas de luz, de esa manera quedarán más disimulados los distintos recorridos que vas haciendo para cubrir la superficie. Si lo que vas a pintar no está muy sucio y quieres evitarte la segunda mano, ve pintando en una dirección e inmediatamente cruza la pintura otra vez como si hicieras un aspa, una cruz.

Y para gustos los colores. Para dar mayor amplitud a los espacios utiliza el blanco o tonos muy claros, sobre todo en los techos. Si tu vivienda no es muy luminosa elige colores pastel, pero si quieres dar más personalidad a algún cuarto o zona concreta, atrévete con colores más intensos en un paramento determinado (un zócalo, una cenefa) o con texturas originales: esponjado, arena, degradado…

Las molduras u otro tipo de yesería, si las hubiese, son también susceptibles de decoración, resaltándolas con otro color o intensificando los tonos ya aplicados, pero procurando dejarlas integradas en el conjunto. De hecho, optar por estas alternativas puede convertir a tu casa en un espacio digno de ser admirado.

Los colores tienden a oscurecerse al secarse por eso es importante hacer pruebas en algún sitio que luego vaya tapado. Así podrás, además, observar si se complementan o compaginan bien. Hoy es fácil, a través de Internet, encontrar toda la gama de tonos y colores y la rueda cromática, los colores que en ella se oponen unos a otros son los complementarios.

Podemos pintar la casa de manera más o menos uniforme o dar un colorido distinto a cada cuarto, pero lo importante es que haya un hilo conductor, que exista una idea global que pueda crear un todo armónico. Nos ayudará a crear una atmósfera de conjunto inspirarnos en el ambiente exterior: junto a la costa, en la montaña, zona industrial. O en el mobiliario de la casa, o en cualquier otro elemento que pueda resultar unificador.

Ya sabemos que los tonos cálidos (ocres, amarillos, anaranjados) como su misma palabra indica dan calidez al ambiente, mientras que los fríos (azules, lilas, grises) son más relajantes. Así que, no es demasiado recomendable una habitación en un color rojo, ni tampoco un estudio en un azul apagado. Cada una de las estancias debe ser pintada a tu gusto, pero teniendo en consideración los efectos que provocará cada color en el día a día de tu hogar.

No conviene pintar dejándonos llevar del último grito pues las modas pasan pronto y pintar no es algo que hagamos muy a menudo. Eso no significa necesariamente dejarlo todo igual que antes; si logramos integrar bien lo clásico y lo moderno, el resultado puede ser alucinante. Y, lo mejor de todo, no tendrás que cambiarlo de nuevo porque ya no es tendencia en menos de dos años.

Foto: © archideaphoto

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