Casa Doolittle: Arquitectura que nace del desierto

En el desierto cercano al Parque Nacional de Joshua Tree se encuentra la casa Doolittle, un canto a la creatividad

Esta casa situada en el valle de Coachella, en el desierto cercano al Parque Nacional de Joshua Tree, fue ideada como residencia de la artista Bev Doolittle y su esposo Jay Doolittle. La pareja deseaba una casa distinta, integrada con la belleza natural del desierto y que fuese capaz de reflejar la personalidad creativa de sus habitantes. En una asociación entre el matrimonio y el arquitecto Kendrick Bangs Kellogg, diseñaron y construyeron una de las construcciones más aclamadas de valle de Coachella que ha sido descrita acertadamente como obra de arte arquitectónica.

Se trata de una arquitectura pesada y robusta, fuertemente anclada a las arenas y rocas del desierto de Joshua Tree. El exterior se presenta fuerte y árido como su entorno con la intención de hacer frente a las duras condiciones climáticas del lugar. Las 26 gruesas columnas de hormigón parecen nacer directamente de la roca para elevarse en forma de grandes marquesinas que conforman la cubierta del edificio.

Por su parte, en el interior, las formas orgánicas dejan ver la sinuosidad y la belleza de una arquitectura diseñada para una vida confortable. Un interior que deja fluir el espacio de manera natural resbalando por los acabados de cantos rodados, piedras naturales que aluden sabiamente al discurrir de un río, por los metales trabajados a mano y por los elementos que configuran la decoración interior como un todo unificado. El uso de materiales naturales, la proliferación de las formas curvas propia de la arquitectura orgánica, así como la integración con los distintos elementos naturales y el entorno de la casa, es una constante en la estructura, diseño y construcción de este singular edificio.

Las ventanas se configuran en ángulos inverosímiles cerrando espacios irregulares entre la arboleda de columnas de hormigón. El resultado de esta composición es un interior cargado de luz que llega a cada rincón desde todos los ángulos. Desde la misma roca que sirve de lecho a las columnas hasta la propia cubierta de la casa, los vanos continúan de forma ininterrumpida dejando que el desierto se comunique visualmente con el interior del edificio. Se trata una vez más de un medio eficaz de integrar la arquitectura dentro de la naturaleza, dejando que el sol entre en cada momento del día, permitiendo que la luna y las numerosas estrellas del desierto formen parte de la decoración durante la noche.

El camuflaje es un elemento constante en el arte de Bev Doolittle, quien lo utiliza para desviar la atención de lo más obvio y centrar la mirada del espectador en su obra. Siempre inspirada por un profundo amor y respeto por la naturaleza, Doolittle quiso que su casa reflejase esta pasión y comenzó junto a su marido la búsqueda de un arquitecto capaz de conseguir plenamente ese objetivo.

Como arquitecto destacado de la arquitectura orgánica, Kellogg era el candidato ideal para este proyecto. Él mismo admitió siempre que el gran maestro Frank Lloyd Wright fue el principal referente para la creación de sus construcciones como símbolo inequívoco de la arquitectura al servicio de la belleza en integración máxima con el paisaje en el que se ubica.

La decoración del interior estuvo a cargo del diseñador y artesano John Vugrin quien creó uno a uno todos los elementos con extrema delicadeza y minuciosidad. Desde los tiradores de las puertas hasta los interruptores de la luz, las sillas, los armarios o los muebles del baño, todos los elementos son únicos y originales salidos directamente de la mente creativa de Vugrin y creados por su mano experta. Este hombre tranquilo y sosegado de gran talento, capacidad e imaginación, ha trabajado durante años para lograr la precisión y excelencia requeridas en este trabajo.

Son especialmente destacados algunos detalles como los fósiles integrados en los elementos de decoración, las incrustaciones de piedras preciosas de la puerta de entrada, los muebles tallados a mano en las mejores maderas o los metales interiores cubiertos con pan de oro. Estos elementos constituyen un interior irrepetible que completa a la perfección al arquitectura de Kellogg.

Actualmente la casa orgánica del matrimonio Doolittle está en venta. A pesar de que ambos se han declarado plenamente enamorados de esta construcción, se sienten demasiado mayores para un hogar tan amplio y se han trasladado a vivir al sur de Utah. Las características de la casa y el prohibitivo precio que se deriva de ello, 3 millones de dólares, serán sin duda un impedimento para encontrar un nuevo propietario que sepa apreciar el verdadero valor del edificio. Jay Doolittle, por su parte, confía en que la casa y el desierto sigan formando un todo que enamore a sus nuevos propietarios como le ocurrió a él mismo.

Via: Usa Today

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