Pintar paredes: el decálogo del profesional

Siguiendo algunos consejos básicos conseguiremos que nuestras habitaciones luzcan colores nuevos fácilmente

Las paredes de casa son el papel en blanco sobre el que comenzamos a escribir nuestra propia historia, a medida que vamos introduciendo elementos decorativos, muebles, objetos personales…, de forma que poco a poco añadimos parte de nuestra vida. Pues bien, el tono que elijamos para esa base neutra sobre la que empezamos a construir tiene una gran importancia. Nos definirá el color de fondo sobre el que se asentarán el resto de complementos, como si fuera la piel de nuestro cuerpo. Por eso es fundamental parar mucha atención al proceso de pintado de las paredes, ya que el resultado destacará mucho más de lo que creemos en el global del espacio.

Pásale el rodillo a tu vida!

Definitivamente, pintar las paredes es el reto con el que se encuentra la mayoría de gente cuando estrena un nuevo hogar o cuando decide dar un aire renovado a un entorno. Y es que, como comentábamos, el tono final que cojan los muros de la sala en concreto pueden condicionar el resto de la decoración y ser un objeto clave en muchas de las tomas de decisión que hagamos en el futuro. Esto sucede desde el salón hasta la cocina, con sus propios condicionantes cada uno.

Por eso, queremos repasar seguidamente los que podrían ser «Los diez Mandamientos del pintor en casa», para que una actividad que podría parecernos engorrosa, acabe resultando más amena y con la que consigamos unos resultados increíbles. En el fondo, es cuestión de parar atención a estos pocos consejos, y estar bien atentos en aplicarlos correctamente, para que observemos como nuestras habitaciones recuperan vida y personalidad.

1- Elige el color correctamente: parece una obviedad, pero la clave a la hora del pintado de paredes está en saber estar seguros de que el tono que elijamos será finalmente el que nos satisface. Para decidirlo de la manera más adecuada, lo primero es hacer una visión de futuro y pensar en los muebles que se situarán en la estancia, la decoración de ventas y puertas, y otros elementos. Pero claro que aquí está la cuestión del «huevo o la gallina»: ¿el color de los muebles determina el tono de las paredes, o viceversa? Pues la cuestión es depende de cada caso, de si tenemos un mobiliario ya comprado que sabemos seguro que aprovecharemos, o de si hay un color de pintura que nos gusta mucho y queremos usarlo tanto si como no. En todo caso, el truco está en saber equilibrar ambos mundos y que todo combine.

2- La uniformidad no es una exigencia: Pintar paredes, evidentemente, no es lo mismo que pintar un cuadro, pero no por eso hemos de renunciar a nuestra creatividad. Depende de nuestros gustos personales y del efecto que queramos lograr en la habitación podemos optar por unos acabados u otros. Así, podemos decantarnos por looks más convencionales, manteniendo una homogeneidad de color en toda la sala. O por el contrario, romper el tono en una pared (o incluso en una franja entera determinada) o acentuar algunos acabados pintándolos distintamente.

3- El espacio determina la tonalidad: hay que tener en cuenta que el color de la pintura una vez aplicada a la pared no lucirá igual dados algunos condicionantes físicos como son, por ejemplo, la amplitud de la pared o la iluminación. Así, sobre superfícies extensas el color aparecerá más oscuro que el del producto, por lo que resulta óptimo escogerlo una o dos tonalidades más claras de lo que deseamos. La iluminación (y su tonalidad, ya que no debemos olvidar que las luces pueden variar mucho dependiendo de su temperatura de color) del espacio implicará también que el color se vea más vivo o pagado.

4- Los colores determinan el espacio: Si antes comentábamos que el espacio podía influir en el color, ahora lo afirmamos al revés. De hecho, no es ningún secreto que tonos fuertes como los rojos, anaranjados y amarillos tienden a cerrar las dimensiones, ya que «avanzan» y resaltan. Por el otro lado, colores profundos como el azul, el verde o el violeta se decantan a convertir la habitación en más grande, al dar el efecto de retraerse al mirarlos. Pero también es determinante la intensidad y brillo de los mismos, ya que, por ejemplo, el azul marino o el verde oscuro pueden hacer disminur la sensación de tamaño del habitáculo. Por eso, en cuartos pequeños es preferible usar colores como el blanco o un color neutral claro porque darán sensación de amplitud.

Parar atención a los detalles es fundamental a la hora de pintar la casa

5- Los distintos acabados: A la hora de pintar hay que tener en cuenta que existe diversidad de tipos de finales para la pared. El Acabado Plano no presenta brillo y es perfecto para disimular las imperfecciones más pequeñas en la superficie de la pared. El Acabado Aterciopelado o «cáscara de huevo» es más fácil de limpiar y ofrece un suave resplandor que da calidez a la sala. El Acabado de Satín, es fácil de limpiar e ideal si queremos resaltar algunos detalles de la arquitectura, con lo cual van muy bien en cocinas, baños, puertas y acabados. El Acabado Brillante es una buena elección para puertas y finales ya que, como su nombre nos sugiere, ofrecen brillo y por otra parte son lavables.

6- Tipos de pintura: A la hora de escoger la materia prima para pintar los muros, debemos conocer las diferencias básicas entre dos de las más utilizadas. Las Pinturas al Agua son la mejor opción para la mayoría de tareas que implican el pintado, ya que se secan más rápidamente y pueden limpiarse con jabón y agua convencional. No obstante, Las Pinturas Aceitosas penetran la madera mucho mejor que las anteriores.

7- Determinar con exactitud la pintura necesaria: Es importante calcular adecuadamente la cantidad de pintura que nos hará falta para nuestro proyecto, para no quedarnos cortos en un momento poco oportuno o para no malgastar más de la necesaria. Para esto, tan solo debemos sumar el ancho de todas las paredes y multiplicar dicha suma por la altura del piso hasta el techo. A este numero debemos restarle el área total de las puertas, ventanas, pasadizos y demás superficies en las que no actuaremos, para conseguir el área exacta de la superficie a pintar. Normalmente, una extensión plana requerirá unos 4 litros de pintura por cada cien metros cuadrados. Aunque debemos tener en cuenta también el número de pasadas que le daremos para que el acabado sea perfecto.

8- Preparar las paredes antes de pintar: Tan importante como elegir los colores y preocuparse por la pintura concienzudamente, es parar atención al estado de la superficie que va a ser objeto de nuestro proyecto. Lo primero es asegurarse de llevar a cabo las reparaciones que sean de menester y quitar las posibles imperfecciones que la pared presente: grietas, golpes, rasgaduras, agujeros. Para ello, usaremos masilla especial que aplicaremos con una espátula rellenando las hendiduras ocasionales. Después de que ésta se seque, rebajaremos la masa sobrante con una lija. Si los agujeros son demasiado grandes los taparemos con yeso usando una plana o alguna herramienta parecida.

9- Adecuar la superficie con una capa de látex: Una vez arreglada del todo la pared, podemos optar por preparar la superficie para que la pintura tenga un efecto superior. En estos casos, es aconsejable aplicar una capa de imprimación de látex, pero como medida mínima tendríamos que pasar un trapo sobre la pared para quitar todas las partículas de suciedad.

10- Enmascarar: Después de preparar bien la pared, es necesario delimitar los espacios que se han decidido pintar colocando una cinta de carrocero. Esta recorrerá los límites de dónde vamos a pasar el rodillo, separando ventanas, puertas, enchufes, interruptores, zócalos, etc., del resto de zona hábil. Así no nos excederemos de la superficie y los mancharemos lo menos posible. Pero hay que vigilar de retirarla antes de que la pintura se seque del todo, ya que así saldrá más fácilmente, sin restos de pintura.

Fotos: U.S. Air Force y The Consortium

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