La casita de cristal que deslizaba su tejado

Una casa de cuento en mitad de Inglaterra, con dos caras diferentes: una completamente de cristal y otra deslizante…

Casa techo cristal

Érase una vez una casa de cristal instalada en la localidad de Suffolk, Reino Unido. Los habitantes la conocían como Sliding House porque había sido diseñada con una función imposible de encontrar en ninguna otra parte del globo. Las paredes de la casa eran de cristal, el tejado también. La luz del día y los rayos plateados de la luna durante la noche atravesaban sus muros transparentes e iluminaban los rincones secretos de la vivienda. Sus propietarios, Ross y Sally Russell vivían acomodados allí desde que los arquitectos de dRMM acabaran de construir sus más de 200 metros cuadrados de superficie hábil en el año 2009.

Sliding House no era, ni mucho menos, la primera casa concebida de esta manera. Los primeros hogares construidos a base de cristal habían aparecido antes en otros lugares, pero lo habían hecho sin superar los contratiempos de este modelo de vivienda: la excesiva exposición a la luz solar, las inclemencias climáticas durante los meses de otoño e invierno y especialmente la falta de intimidad que transmitía el cristal a lo largo del día. Esos tres inconvenientes se unían en toda edificación de cristal, produciendo un cierto rechazo a los transeúntes y curiosos observadores que las admiraban desde fuera.

Ross y Sally Russell tenían claro que su casa debía ser diferente y el modelo de vivienda acristalada les producía un interés creciente. No obstante, como a la gran mayoría, los inconvenientes a los que se exponían no les ofrecían ningún tipo de confianza, así que decidieron apostar por un modelo radicalmente diferente de vivienda, una vivienda que poseyera dos caras, dos formas diferentes de convivir…

Y así nació la idea de crear una casa deslizante. Como una careta o máscara que se retira del rostro o un telón que se levanta en mitad del teatro, Sliding House había sido diseñada con dos tejados y dos fachadas diferentes que podían complementarse y alternarse con facilidad. Un tejado había sido concebido completamente de cristal. El otro lo conformaba una composición de acero, madera y membrana de goma. Esta segunda fachada de la vivienda de 20 toneladas era móvil: actuaba como capa protectora del edificio completo, se desplazaba con un sistema automático de delante hacia atrás, pudiendo dejar al descubierto la fachada de cristal, o cubrirla completamente para recuperar la intimidad, la seguridad y el confort de un espacio cerrado.

La casa era el lugar menos convencional de Inglaterra y posiblemente del mundo entero. Era una construcción lineal de aparente sencillez que constaba de casa, garaje y un edificio anexo, conectados entre sí por un patio formado entre los tres. La composición se definía por la elegancia del color negro y lo llamativo del rojo granate que cubría la fachada. La casa guardaba su mayor secreto con recelo: el cerramiento de techo y pared que atravesaba todo el lugar podía desplazarse libremente dando lugar a diferentes combinaciones de recinto y permitía a sus propietarios estar al aire libre durante el día y protegidos al caer la noche. Todo ello gracias a esa estructura autónoma que recubría la casa entera y que podía accionarse por motores eléctricos con los que se ponían en funcionamiento una serie de ruedas ocultas, integradas en el espesor de la pared.

Casa techo cristal, baño

Sliding House era una negación a la arquitectura estática, era una primera voz por el cambio dinámico, un fenómeno físico difícil de describir con palabras e incluso con imágenes. Su increíble fachada era capaz de alterar completamente la composición de la casa y el carácter de la vivienda en función del clima, la temporada, el momento del día o sencillamente por puro deleite de sus propietarios. Un deseo que podía cumplirse fácilmente por control remoto, y que se nutría con los últimos avances de tecnología sostenible, gracias a unas placas fotovoltaicas de donde obtenían los motores toda su energía eléctrica.

Era la casa más envidiada de todo el condado inglés, una casita de cuento anclada en mitad de un escenario medieval y en cambio construida con un diseño futurista. Una casa capaz de ofrecer vistas diferentes con un simple botón, capaz de pasar del cristal al acero en una transformación de lo más silenciosa y ágil que se pueda imaginar. Su propia naturaleza marcó el nombre que llevaría desde su construcción: la Sliding House. Así se le bautizó y así se le conoció a lo largo de la historia hasta hoy: una casa de cristal con fachada deslizante que todavía podemos encontrar única en especie en las recónditas tierras inglesas. Y colorín colorado…

Fotos: Pinterest

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