Un tejado de estrellas al alcance

Los telescopios son un elemento poco común dentro de la decoración de los hogares que pueden convertirse en un toque distintivo y de gran inspiración para el valiente que se atreva a desafiar a las estrellas.

Pon un telescopio en tu hogar

Puede haber noches sin luna. De esas en las que la luna parece desaparecer entre el manto de la oscuridad, pero continúa estando allí, invisible a nuestros ojos. Lo que es casi imposible es escapar de las estrellas. No importa el lugar ni el día, siempre se asoma al cielo una de ellas aunque sea con un brillo amortiguado en el firmamento. Desde los orígenes de la especie humana nos fascinaba el universo. Cualquier romántico se entregaba a las noches estrelladas para dar un paseo nocturno en solitario o acompañado por una dama. En torno a las estrellas, existe una gran cantidad de mitos, leyendas, pero también curiosidades certeras. Hay estrellas pequeñas como una ciudad. Las hay tan grandes que cabrían en su interior más de 300 soles. Las jóvenes son de color azul. Las que envejecen y están a punto de morir, son rojas. Y las estrellas de mediana edad son amarillas. Cuando una de ellas muere, puede hacerlo provocando una gran explosión, que se ha venido a llamar “supernova”. Y esa misma explosión puede dar lugar a la creación de nuevos planetas inhabitables, denominados: planetas púlsar.

El universo es, valga la redundancia, todo un universo por explorar. Y por qué no hacerlo desde nuestros propios hogares adquiriendo uno de esos maravillosos objetos llamados telescopios. Debería de ser un elemento imprescindible en cada casa, sea en la terraza, en el jardín, en el balcón o en una habitación-estudio con una ventana amplia. Desde cualquiera de estos lugares, podremos observar los fenómenos celestes que acontecen allí en lo alto y que pasan desapercibidos en nuestro día a día. Los telescopios no solo son un objeto de decoración en sí mismos, que realzan el valor del hogar y dejan maravillados a todos nuestros visitantes, sino que nos permiten contemplar los rincones oscuros del cielo cuando cae la noche y pasar momentos muy agradables en solitario y en compañía, ofreciéndonos imágenes que nos extasiarán, nos harán aprender cosas nuevas y entender muchas otras.

Una forma maravillosa, bonita y simple de disfrutar, de aprender y de cautivar. Un telescopio es un elemento  que brilla por sí mismo esté donde esté, como si fuera una de esas estrellas a las que acecha de noche. Es cierto que no son objetos baratos. Aunque hay de todos los precios, siempre hay que comparar bien a la hora de comprar y seguir los consejos de algún experto en materia para saber qué es lo que más nos conviene según el presupuesto con el que contemos. En algunas ocasiones, unos prismáticos pueden ser una mejor opción. No nos engañemos: hay prismáticos de más de 500 euros capaces de ir más lejos que un telescopio. Luego ya encontraremos esos grandes monstruos robotizados y automáticos que nos detectan las constelaciones por sí mismos, que nos plasman las imágenes en el ordenador -si conectamos el telescopio- y nos dan explicaciones concretas sobre todo lo que nos van mostrando en pantalla. Pero esto ya es para auténticos foróforos del espacio. Si eres un iniciado, con justas ambiciones, y no pretendes ir descubriendo nuevos planetas por ahí, podrás satisfacer tus deseos con un telescopio de gama media.

Desde aquí abajo, lo único que alcanzan nuestros ojos son un techo de puntos de luz. Es hora de conocer verdaderamente nuestro cielo y nuestro origen. Y solo hay una forma de hacerlo. Adelante.

Foto: Wikipedia

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