La Casa de la Cascada como obra cumbre de Frank Lloyd Wright

Frank Lloyd Wright recuperó su mejor momento profesional con la construcción de la casa de la cascada

cascada
A la edad de 68 años, en plena época de desánimo y desinterés por su profesión, Frank Lloyd Wright volvió a encontrar la chispa de interés por la arquitectura de la mano de Edgar Kaufmann, padre de un ayudante y discípulo de Wright que estudiaba en la comunidad de Taliesin. El hijo homónimo de Kaufmann convenció a su padre para que encargase el proyecto a su maestro y esto supuso un nuevo impulso en la carrera del arquitecto convirtiéndolo en uno de los profesionales más reconocidos del siglo XX.

Kaufmann encargó a Wright una vivienda como refugio rural de fin de semana junto a una bella caída de agua en la Reserva Natural de Bear Run, en Pensilvania. El hermoso paraje ofreció al arquitecto el entorno ideal para plasmar sus ideas con el más puro estilo de integración y fusión entre lo natural y la estética arquitectónica más contemporánea.

La evidente base de líneas rectas y la formas puras propias del Estilo Internacional sirven como elemento fundamental para la estructura de terrazas voladas y los planos que ya se dejaban ver en las casas de la pradera vuelven a estar presentes con mayor fuerza. La estética de plena actualidad de la arquitectura en la casa de la cascada no impide la fusión de la misma con la naturaleza gracias a las piedras y maderas en la construcción, el respeto por las formas propias del terreno, de los árboles, así como del curso natural del río sobre el cual se dispone la casa sin interponerse ni modificarlo.

La admiración por la arquitectura de estilo japonés también toma forma en la Casa de la Cascada. La inspiración oriental se deja ver en gran parte de la obra principalmente a través de ese interés por lograr la armonía perfecta del hombre y sus construcciones con la naturaleza. Y lo consigue a través de la estética, las formas, la estructura, los materiales, los colores escogidos y el inteligente uso de los sonidos de la cascada para completar la arquitectura. Desde la utilización del color rojo intenso en la carpintería de aluminio, hasta las líneas curvas en los vértices de la construcción, cada detalle busca la perfecta integración en el entorno y la consecución de ese objetivo de comunión entre hombre y naturaleza sin perder nunca el concepto de modernidad ni la originalidad única de la obra de Wright.

En esta construcción, sin duda la más conocida y reconocida de Frank Lloyd Wright, la estructura de todo el conjunto gira al rededor de la chimenea como elemento principal. Se trata de una gran estructura de roca natural que supone el principal elemento vertical y el punto más elevado en toda la casa. A partir de él parecen estructurarse todas las terrazas de marcadas formas horizontales que se muestran suspendidas en el aire sobre el curso del agua.

La Casa de la Cascada se compone principalmente de dos zonas distinguidas. Por un lado, la zona diseñada para la familia Kaufmann y construida entre los años 1936 y 1938. Por otro lado, completando la construcción en el año 1939, un cuarto de invitados con un diseño acorde al resto del edificio.

Cada una de las habitaciones está decorada de primera mano por el propio arquitecto basando siempre su criterio en lograr un estilo sencillo, pero de gran calidad estética, integrado de forma natural en el concepto general de la arquitectura.

Con inteligentes recursos arquitectónicos, Wright concibe la casa para potenciar la relación con el exterior, para dirigir a los habitantes hacia la naturaliza que rodea la construcción. Con este objetivo, los techos son relativamente bajos de forma que la vista desde el interior toma una dirección horizontal que acaba por desembocar en el exterior de la casa. De igual forma, desde la sala de estar principal existen escaleras que llevan directamente al agua que discurre por debajo de la casa.

Las numerosas terrazas voladizas que se disponen en todo el perímetro de la vivienda son uno de los elementos más destacados de la Casa de la Cascada y hacen un importante aporte a la apertura del diseño hacia el exterior. Se trata de zonas para vivir y disfrutar de la naturaleza desde la arquitectura, son puntos de fusión espacial entre el interior y el exterior que permiten esa perfecta comunión tantas veces mencionada y que, como en ninguna otra obra, Wright consigue en la casa de la familia Kaufmann.

Desde el exterior, la casa luce un fuerte patrón de formas horizontales contrarrestadas por la marcada línea vertical de la chimenea. Las largas terrazas adaptadas al terreno y las ventanas abiertas en los ángulos rompen la caja cerrada para permitir la relación con el exterior de una forma fluida y eficiente.

Imágenes: liquene

Via: Smith, Kathyrn. Las Casas de Frank Lloyd Wright. Capítulo 4, La Utopía Prometida. Barcelona. Gustavo Gili. 2006

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